domingo, 24 de mayo de 2026

El día en que descubrí que también soy hincha


(24 de mayo – Belgrano Campeón de Primera División)

Yo no era hincha de fútbol.
Nunca lo fui.
Ni de chico, ni de joven, ni en mis años de relator en un Juzgado Civil.
Tampoco en mis años de marido: primero de Sole, después de Ely.

Durante décadas, el fútbol fue para mí un paisaje ajeno.
Hasta que un día, sin buscarlo, el barrio me adoptó.
Pero antes de eso hubo un momento crucial, un punto de inflexión que recién ahora, con Belgrano campeón, vuelve a mí con claridad.

El origen de la chispa: Analía, el Centro y el barrio en fiesta

Fue en El Clermont, cuando Analía estaba yendo a unas charlas de budismo durante tres días consecutivos.
El domingo la llevé como siempre a la mañana, y me tocaba buscarla al mediodía.
Pero ese mediodía Alberdi estaba estallado: se venía un clásico y el barrio hervía.

Cuando ella salió de la sala de conferencias, le propuse ir a comer algo por ahí cerca para evitar la movida.
Pero Analía —con esa mezcla suya de intuición y curiosidad— me dijo que no, que fuéramos a conocerlo, casi como quien va a ver un espectáculo turístico.

Le hice caso.
Tomamos el bus, bajamos en Colón y Arturo Orgaz, y caminamos por las arterias más fiesteras rumbo al Gigante.
Nos comimos un choripán en la calle, entre bombos, banderas, familias, risas, cantos, humo azul.

Y ahí, por primera vez en mi vida, vi al barrio a pleno con Belgrano.
Ahí se me encendió la chispa.
Ahí empezó todo.

El día del campeonato: identidad, radio y familia

Hoy, 24 de mayo, esa chispa se volvió fuego.
Belgrano campeón de Primera División.
Un partido histórico, una definición inolvidable.

Y lo viví acompañado.
Estuve conectado por WhatsApp con mis tres hermanas —Lucía, Alejandra y Georgina—, las tres Marías vivas.
La cuarta, María Irene, murió antes de que esta pasión naciera, y su ausencia se sintió como un silencio respetuoso en la mesa familiar.

Éramos cinco los que no vimos el partido:
lo escuchamos por radio, como antes.
Lucía y yo, especialmente, seguimos cada jugada con esa mezcla de ansiedad, ternura y descubrimiento.
Alejandra y Georgina se fueron sumando en un crescendo hermoso.

Y del otro lado, Nadia, la única que sí lo vio, la única que ya venía formada como hincha desde la mano de su padre.
Ella fue nuestros ojos.

En medio de todo eso, descubrí cosas nuevas en mí:
cábalas improvisadas, rezos fervorosos, lágrimas de emoción alegre.
Un hombre grande sorprendiéndose de sí mismo.

El barrio en estado puro

Y después está el folklore.
Ese auto nuevo que aparece en medio de la calle, con un equipo de sonido que hace vibrar las veredas, y todos los hinchas cantando alrededor.
La canción que suena es Rodrigo, sin vueltas.
El cordobés eterno convertido en bandera emocional.

El partido que hizo historia

River ganando 2–1.
La mano en el área.
El árbitro que no cobra.
Los minutos eternos.
La revisión.
El penal.
El empate.
Y el tercero que cayó como un rayo sobre un River desorientado.
3–2.
Belgrano Campeón de Primera División.

El campeón mundial cordobés

Y ahí Lucía dijo algo que me quedó grabado:
que Belgrano es, por extensión, el primer campeón mundial cordobés.
Porque si Argentina es el campeón del mundo,
y Belgrano es el campeón de Argentina,
entonces —en la lógica hermosa de los hinchas—
Belgrano es campeón del mundo en cuanto a clubes se trata.

Recordó también que en 1978, incluso papá —que tampoco era hincha— vio el partido con nosotros, y que Talleres perdió.
Como si la historia, de algún modo, cerrara un círculo.

Lo que gané hoy

Hoy Belgrano salió campeón.
Pero yo gané otra cosa:
una pasión nueva, inesperada, luminosa.
Algo que no sabía que estaba esperando.

Y sí:
creo que después de hoy voy a terminar contratando un canal de fútbol.
Porque esto, Lean…
esto es muy lindo.



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