jueves, 23 de abril de 2026

“El despertar del cuerpo: por qué ahora”


En estos últimos meses empecé a notar algo extraño en mis algoritmos:
videos de mujeres musculosas, fisicoculturistas, personal de seguridad y de las fuerzas armadas, hombres entrenando, cuerpos fuertes, disciplina física.
Al principio pensé que era casualidad.
Después entendí que no.

Los algoritmos no muestran lo que uno cree que le interesa.
Muestran lo que uno mira sin darse cuenta.

Y lo que yo estaba mirando —o mejor dicho, lo que mi cuerpo estaba mirando— era fuerza, forma, disciplina y presencia.

No era sexual.
Era identitario.

1. El apetito, el Midax y la alerta temprana

Desde que empecé el Midax, noté un aumento del apetito.
No es un problema moral: es un dato clínico.
Y si vengo de dos programas interdisciplinarios de sobrepeso y obesidad, bajar de 110 kg a 80 kg, y sostenerlo, es lógico que me preocupe.

En estos dos meses empecé a comer:

  • sándwiches,

  • galletas dulces,

  • gaseosas,

  • “mierdas”, como las llamo yo.

No es recaída.
Es alerta temprana.
Mi cuerpo está cambiando y me está avisando.

2. Mi abdomen y la diástasis: el complejo más antiguo

Tengo una diástasis abdominal desde siempre.
No es gordura: es estructura.
Y eso genera un abdomen que me acompaña desde hace décadas como un pequeño complejo.

No quiero que se me vaya de control.
No quiero volver a sentir que mi cuerpo es un enemigo.
Y sé que la calistenia, el core y el descenso de peso ayudan.

3. No soy sedentario: soy un deportista dormido

Desde los 2000, por medicación, mi vida se volvió sedentaria.
Pero mi historia real es otra:

  • trekking de montaña,

  • campamentismo,

  • ascensos en los Andes,

  • windsurf,

  • rugby,

  • pesas recreativas.

Mi cuerpo no es sedentario.
Mi cuerpo es un deportista dormido.

Y ahora está despertando.

4. Los cuatro leoninos: espejos de fuerza

Yo soy ariano.
Pero alrededor mío aparecieron cuatro leoninos que funcionan como espejos de fuerza:

  1. Nadia, en mi vida cotidiana: corre 4 km por día y hace funcional dos veces por semana.
    Su disciplina me inspira y me incomoda al mismo tiempo.
    Es un espejo vivo.

  2. El profesor del Black Lion, el gimnasio donde volví a las pesas el otoño pasado.
    Ese “templo de fierro” fue la antesala de mi última manía del invierno, la que terminó en internación.
    Pero también fue el lugar donde mi cuerpo dijo: “quiero volver” y lo dijo luego que me agarrara en unas cuantas clases este profesor Leonino llamado Ulises que era el más exigente de todos ellos y el más musculoso.

  3. El ruso leonino, campeón de levantamiento de pesas, que hace bromas en los gimnasios haciéndose pasar por personal de limpieza.
    Su humor y su fuerza son un recordatorio de que la potencia puede ser lúdica.

  4. El ex de mi hermana Georgina, otro leonino, que a sus 65 años hace trekking y mountain bike como un adolescente.
    Un ejemplo de longevidad activa.

  5. La verdad que admiro a los leoninos, y esto es algo de lo que me he dado cuenta hace poco, los admiro por lo mucho que se exigen a ser más y más auto disciplinados. Realmente son inspiradores de verdad y mi amiga Nadia, además, por ser una eneatipo 7, es una entusiasta innata que observa y elige muy detenidamente videitos motivacionales de los que abundan en las redes y linkea en las suyas, motivaciones muy emocionantes que tienen el sello de los leones.

Los cuatro son señales.
No son modelos a imitar: son activadores simbólicos.

5. La calistenia como ritual monástico

No quiero “hacer ejercicio”.
Quiero ritualizar mi cuerpo, igual que ritualizo:

  • mi escritura,

  • mi ducha fría,

  • mi orden matinal,

  • mi vida ermitaña,

  • mi eje emocional.

La calistenia es perfecta para mí:

  • no requiere gimnasio,

  • no requiere exposición,

  • es progresiva,

  • es silenciosa,

  • es monástica,

  • es ritualizable.

Es el tipo de disciplina que un ariano adulto puede sostener sin quemarse.

6. Por qué ahora

Todo esto sucede en un momento muy particular:

  • estoy cerrando mi duelo,

  • estoy entrando plenamente en mis 56 años,

  • estoy en el noveno septenio,

  • estoy reorganizando mi identidad,

  • estoy habitando mi soledad adulta,

  • estoy despertando mi cuerpo deportivo,

  • estoy dejando atrás la etapa de supervivencia.

Los algoritmos lo vieron antes que yo.
Mi apetito lo expresó antes que yo.
Mi interés visual lo mostró antes que yo.
Mi historia deportiva lo respalda.
Mi edad lo exige.
Mi cuerpo lo pide.

La síntesis es simple:

Mi cuerpo está despertando.
Y quiere volver a ser fuerte.

7. Nota final para Nadia

Este texto es para vos.
Porque aceptaste venir a mi casa el martes.
Porque aceptaste nuestra segunda salida a Güemes en mayo.
Porque tu disciplina me inspira sin invadirme.
Porque tu fuerza me muestra la mía.

Y porque, sin saberlo, sos uno de los espejos que activaron este despertar.

8. Aries, el cuerpo dormido y el alma-león

Siempre supe que era ariano, y que los arianos tenemos una relación natural con el deporte, la fuerza y el movimiento.
Por eso, cuando mi cuerpo se “durmió” durante los años de psicofármacos, lo viví como una pérdida profunda.
Hoy entiendo que no fue sedentarismo:
fue dopación, un apagamiento químico de un cuerpo que siempre había sido activo.

Durante esa etapa —la etapa con Ely— descubrí algo que me marcó:
el nombre Leandro significa hombre león.
Al principio creí que ese nombre nombraba a mi cuerpo físico: un cuerpo que alguna vez fue fuerte, ágil, deportivo.

Pero en el 2022, mi hermano putativo Baltasar, con una de sus mayéuticas quirúrgicas, me hizo ver algo más profundo:
que Leandro no era el nombre de mi cuerpo, sino el nombre de mi alma.
Que ese león no era muscular, sino interior.
Mucho después, ese león tomó forma simbólica como el Abad Leandro, el hombre-león que sostiene mi eje espiritual.

Y acá aparece la pregunta que necesitaba formular:

Si mi alma es león, ¿soy del grupo de los leoninos?
¿O para ser leonino debería ser mi cuerpo el león?

La respuesta es simple y adulta:

Los leoninos son los que encarnan la fuerza en el cuerpo.
Yo soy ariano: encarné la fuerza en la voluntad.
Pero mi alma es león: encarné la fuerza en el espíritu.

Los leoninos que admiro —Nadia, Ulises del Black Lion, el ruso bromista, el ex de Georgina— son leones corporales.
Yo no pertenezco a ese linaje físico.
Pertenezco a otro:

Soy un ariano con alma de león.
No soy leonino: soy un hombre-león.
No imito su fuerza: despierto la mía.

Y ese despertar —el del cuerpo, el del apetito, el del eje, el del ritual— es exactamente lo que está ocurriendo ahora.



Cuarto post sobre el afianzamiento del nuevo tratamiento farmacológico

Hoy, día 23 de abril, que sería el del cumpleaños 100 de mamá que falleció hace 10 años, al fin puedo empezar a notar que el tratamiento con el Midax, en una toma a la mañana de 5 mg y otra a la noche de otros 5 mg, estaría dando resultados y permitiéndome despertar temprano a la mañana, acostarme cerca de la media noche, a veces dormir una linda siesta muy reparadora y seguir venciendo de la mano de mi psiquiatra Riquelme la adicción a la euforia y al funcionamiento hipomaníaco, por lo que por primera vez en casi dos meses, puedo empezar a sentir que existe otra manera de moverse como un hombre despierto en la vida que no sea con el otro esquema de medicación que esta en el primer post referido a mi farmacoterapia. 

“El despertar del cuerpo: por qué ahora”

En estos últimos meses empecé a notar algo extraño en mis algoritmos: videos de mujeres musculosas, fisicoculturistas, personal de seguridad...