La diferencia es enorme.
Hoy entendí algo que marca este Día 3:
Y eso estoy haciendo.
Escenas, responsabilidades y relatos de mi lugar como patriarca afectivo. Leandro Javier (Petrus) Alippi García. Cuidado sin drama. Autoridad silenciosa. Sin inflación. Parte de mi Comunidad Afectiva Alippi García y Cía.
La diferencia es enorme.
Hoy entendí algo que marca este Día 3:
Y eso estoy haciendo.
Hoy entendí que esa etapa terminó.
Y puedo, por primera vez en muchos años, decir que estoy libre.
Esta etapa corresponde al ARQUETIPO DEL TEMPLARIO INTERIOR.
Ese soy yo hoy.
Y este es mi post de hoy.
Desde hace años vengo trabajando sobre mi arquitectura interior, mis símbolos, mis animales, mis linajes y mis formas. No como entretenimiento, sino como investigación seria, sostenida, rigurosa, que atraviesa la psicología profunda, la espiritualidad comparada, la antropología religiosa y la mística católica.
Mi arquetipo interno no es un juego ni una moda: es mi forma verdadera.
Y hoy, 18 de mayo de 2026 (=5, El Especialista), puedo finalmente describirlo con claridad.
En la cosmología de José Argüelles, el Dragón representa:
origen,
identidad,
energía vital,
impulso,
forma,
soberanía,
presencia.
Cuando descubrí que era Dragón —hace apenas dos años— entendí por qué toda mi vida había sentido esa mezcla de fuego interno, lucidez, intensidad y necesidad de forma.
El Dragón es mi síntesis.
ropa negra,
botas negras,
anillos,
barba candado,
piercing de oro,
y mi estoque con empuñadura de dragón.
Cada pieza cumple una función simbólica:
el negro concentra,
mis uñas son mis garras,
la barba es mi hocico,
el piercing es mi punto de fuego,
los anillos son mis escamas,
las botas son mis patas,
el estoque es mi tótem.
Ahora que los adolescentes se han copado con los theran, “therian”, o como le llamen hoy en día los niños y adolescentes a quienes se identifican con animales, me resulta inevitable recordar que, por mi cuenta, allá por 2019, ya había llegado a los estudios científicos y a las comunidades de la vieja Europa del Este donde convivían comunidades de "vampiros reales", y en otros lugres había comunidades de dragones y otros seres que no se identifican como del todo humanos.
A ese universo se lo conoce como Otherkin, y los Therians no son más que una rama menor dentro de esa familia mayor de identidades no humanas o parcialmente humanas.
Y ya que menciono a los Otherkin, no puedo dejar afuera a los vampiros reales, sobre los que escribí hace años.
Aquel ensayo —que aún hoy sostengo— describía a los vampiros como:
seres refinados,
nocturnos,
nobles por naturaleza,
que no roban energía como los narcisistas,
sino que la reciben por fascinación, por comunión, por un pacto de vida.
En ellos descubrí algo que también me pertenece:
la memoria de muchas vidas,
la melancolía antigua,
el linaje remoto,
la sensibilidad profunda,
la presencia silenciosa.
Por eso mi Dragón interior no contradice a mis viejos estudios: los completa.
El Dragón es la síntesis de todas las especies animales, y también la síntesis de todos mis arquetipos anteriores, incluido el vampírico.
Los católicos tenemos a:
Dios,
Cristo,
la Virgen,
los Santos,
el Espíritu Santo.
Quienes estudiamos espiritualidades comparadas ejercemos un macroecumenismo que no reemplaza la fe: la expande.
El Dragón es un símbolo cristiano antiguo, de ángeles y no solo de demonios que es la representación como más se los conoce y todo esto aunque hoy pocos lo sepan.
El Dragón integra:
mi hombre‑león,
mis animales internos,
mis linajes,
mis vidas, (que fueron vividas todas en esta sola existencia de 56 años hasta ahora), pues en lo que creo es en las vidas figuradas cada vez que uno se reinventa y en la memoria genética, y para nada en la reencarnación.
mis símbolos,
mis hábitos,
mi estética,
mi fe,
mi archivo espiritual, (que traen los genes ancestrales en mi biología, y una genética tanto orgánica como cultural)
mi vampiro, (el que necesita bastante energía psíquica para superar sus bajones) sin robarla ni arrebatarla, sino reciéndola en intercambio cuasi sagrado (comunión espiritual).
mi fuego, (pasiones y amores)
mi forma. (estética integral)
Que quede claro que hablan macanas y para los pavotes consumistas de la moda, identificarse con un Otherkin no es un jueguito adolescente, y en muchas culturas originarias y civilizadas ha sido el mayor conocimiento de los nobles y cultos Sacerdotes de todos los tiempos.
Para encarnar un arquetipo se requieren años de estudio, autoconocimiento, disciplina, mística, rigor y verdad interior.
Es obra.
Es linaje.
Es forma.
Es espiritualidad
Es rito
Pero por encima de todo, es importante resaltar y entender que todos los animales de la tierra son reales, mientras que el dragón es el único animal mitológico de casi todas las culturas, por lo que existe una cierta lógica, sumada al hecho de que los serafines son el coro angelical más elevado y cercano al Padre, la lógica es que quien es capaz de "encarnar" un dragon, tal cual lo sugerí un poco más arriba, se está integrando con todo tipo de animal real, y se está acercando por otra parte a la experiencia angelical como un puente entre lo humano que somos, los otros seres vivos que habitan esta tierra y con los seres espirituales invisibles como los ángeles que he mencionado. En síntesis, nos estamos despertando a la armonía con todo lo creado y ello es una experiencia profundamente espiritual en lugar de una confusión ontológica o un delirio, si se quiere. Son cuestiones del "mundo espiritual diverso" que nos explica y nos permite auto conocernos cada vez más. Sin embargo hay que poner énfasis en que somos y seremos humanos y nada más hasta la muerte y después, ¡Se verá!
Amén.
A la noche volví a hacer compras después de mucho tiempo de caer en comida chatarra. Compré papas, batatas, lechuga, tomates, huevos, lentejas, fideos, crema y, como siempre, la vedette de mi dieta: el queso fresco. Sentí que estaba volviendo a comer de verdad, sin exageraciones ni solemnidades.
Más tarde regresé a La Casona y merendé una porción de budín de pan con otro cortado doble. Mientras comía, vi todo el folclore de la previa de Belgrano y Talleres: motos policiales escoltando con acompañantes armados escoltando el omnibus de los jugadores, hinchas por todos lados, choris, kioscos llenos, Balbo de litro y medio, Prity, vaso de plástico de litro, hielo y Alto Alberdi convertido en un ritual callejero. Lo observé como siempre: sin juicio, como fenómeno social.
En mi caso, la historia de nuestra estirpe —los nombres, las generaciones, las jerarquías afectivas— no es un chiste ni un adorno. Es parte de mi trabajo, de mi escritura y de mi forma de honrar a quienes vinieron antes.
Por eso quiero dejar asentado algo simple:
Y ambas cosas son necesarias para que una familia grande siga siéndolo.
En estos días descubrí algo incómodo: incluso un hombre entrenado en el orden, la sobriedad y la autonomía puede quebrarse. No por debilidad, sino por humanidad. El llanto no invalida la decisión tomada; sólo confirma que hubo afecto real.
El hombre valor no rinde cuentas de sus actos ni de sus decisiones. No por rebeldía, sino porque llega un punto en su vida en que la prioridad cambia: por primera vez, se elige a sí mismo.
No es raro que un hombre este esté solo (Si es que tenemos en cuenta lo dicho sobre la interdependencia). No por falta de amores, sino por abundancia de ellos. Ya los tuvo, ya los vivió, ya los honró. Y ahora elige la soledad como compañera porque aprendió a habitarla sin miedo. La soledad, para él, no es un vacío: es un territorio fértil lleno de pasiones, intereses, obsesiones nobles, pequeñas artes y grandes contemplaciones. Son otras formas del amor y por supuesto los afectos de todo tipo que lo visitan, con los que se junta y con los que él visita para compartirse con todos y con cada uno.
Un hombre valor puede estar atravesando un duelo —por muerte o por separación—, pero no se lo verá ahogando penas ni evadiéndose en vicios histéricos. Su dolor es adulto, sobrio, procesado en silencio. Tal vez, a las dos de la mañana, salga a comprar un paquete de galletas y una gaseosa. Nada más. Ese es su modo de sostenerse: gestos mínimos, sin autodestrucción.
La vida le tiene preparada una mujer entera, como él. No para construir familias nuevas ni proyectos estresantes, sino para compartirse sin dramas, sin exigencias, sin contratos implícitos. Dos personas suficientes que saben que la riqueza no está en los destinos exóticos ni en los viajes interminables, sino en la calidad de vida y en la profundidad de las experiencias simples.
La mejor aventura no siempre es un aeropuerto: a veces es reírse de buena gana en un ómnibus urbano que parece un viejo zamba de parque de diversiones. O sacar de una mochila urbana un mate, una viandita rica y un termo, y almorzar en un banco de plaza. O mirar, con humor adulto, los rituales de la juventud en esos bebederos que parecen destilerías para la desinhibición.
El viaje del hombre —y ojalá también de la mujer entera— puede ser en un auto clásico bien restaurado, confiable, que los lleve por un par de pueblos. Pernoctar en un hotelito o en una carpa dentro de un camping. Y volver pronto a sus ocupaciones. Porque para ellos, una muestra basta: no necesitan más para sentir que han vivido.
Texto:
Sin embargo, para mi trabajo elegí otro camino.
Las redes sociales están diseñadas para el entretenimiento y la circulación rápida de estímulos. Funcionan muy bien para quienes necesitan presencia constante, contenido visual y un ritmo dinámico. Pero no siempre son el mejor lugar para ofrecer un servicio técnico, adulto y reflexivo.
el misticismo inflado,
la euforia disfrazada de iluminación.
Yo quiero describir otra cosa: un estado de lucidez estable, no místico, no delirante y no afectivamente exaltado, que algunas pocas personas alcanzan después de años de trabajo interno, regulación emocional y disciplina cognitiva.
No es iluminación. No es hipomanía. No es manía. No es espiritualidad. Es funcionamiento lúcido.
Estar despierto, en este sentido, es operar desde:
Presencia plena, sin ruido mental.
Claridad cognitiva, sin aceleración ni dispersión.
Regulación emocional estable, sin reactividad excesiva.
Autonomía interna, sin necesidad de estímulos externos para sostener el equilibrio.
Sobriedad perceptiva, sin adornos simbólicos ni interpretaciones mágicas.
Es un estado donde la persona no está arriba ni abajo, sino alineada.
No hay éxtasis. No hay revelaciones. No hay “mensajes del universo”. Hay lucidez funcional.
La confusión es frecuente, especialmente en ámbitos clínicos donde la palabra “despierto” suele asociarse a activación afectiva.
Pero este estado no tiene nada que ver con eso.
El despertar lúcido es tranquilidad, no exaltación. Es profundidad, no aceleración. Es presencia, no fuga.
Comparten ciertos rasgos:
No buscan validación externa.
No necesitan pertenecer a grupos espirituales.
No confunden intensidad con profundidad.
No usan lenguaje críptico ni simbólico para describirse.
No viven en lucha interna ni en éxtasis permanente.
No se “elevan”: se asientan.
Son personas que han hecho un trabajo largo, silencioso y sostenido sobre:
su regulación emocional,
su relación con el vacío,
su tolerancia a la quietud,
su capacidad de observar sin reaccionar,
su claridad para distinguir realidad de proyección.
Un profesional entrenado puede identificar este estado por:
ausencia de impulsividad,
ausencia de oscilaciones afectivas,
lenguaje claro y no simbólico,
conducta coherente y estable,
capacidad de sostener silencio y foco,
tolerancia al vacío sin ansiedad,
pensamiento lineal y profundo,
ausencia de grandiosidad.
Porque requiere:
disciplina,
introspección,
renuncia a la compulsión,
aceptación del vacío,
madurez emocional,
y una enorme honestidad interna.
Se alcanza por trabajo.
En el post anterior describí cómo un Eneatipo 7, al integrar recursos del 5, puede alcanzar un estado de ataraxia funcional, una mezcla de sobriedad epicúrea y estabilidad estoica.
Es un estado que se puede perder fácilmente con sedación o dopaje, como expliqué antes, porque depende de la claridad cognitiva y de la presencia emocional, no de la anestesia ni de la hiperactivación.
Ahora comprenderá el equipo psiquiátrico todo que no voy a negociar con este estado que lo busque durante toda una vida y no voy a permitir que lo confundan con una Euforia. Y en esto quiero ser tajante al expresarme.
Estimados colegas:
Quiero compartirles una descripción precisa de un fenómeno subjetivo que forma parte de mi funcionamiento psicológico actual, y que considero importante que ustedes conozcan para poder trabajar de manera conjunta, respetuosa y eficaz.
foco atencional predominante,
estrategias de evitación emocional,
mecanismos de defensa característicos,
motivaciones centrales para la autorregulación.
Su utilidad es psicoeducativa: ayuda a comprender cómo cada persona gestiona el malestar y busca seguridad emocional.
El Eneatipo 7 se define por:
pensamiento rápido y asociativo,
búsqueda de experiencias estimulantes,
tendencia a evitar el dolor emocional mediante anticipación positiva,
defensa predominante basada en la racionalización y el reencuadre,
múltiples proyectos simultáneos,
riesgo de dispersión y ansiedad anticipatoria.
No es un cuadro clínico: es un estilo motivacional.
reducción marcada de la hiperactivación cognitiva,
mayor tolerancia a la quietud,
regulación emocional sostenida sin necesidad de estímulos externos,
presencia lúcida y estable.
En el Eneagrama, “integración” significa adopción de recursos psicológicos de otro tipo.
El Eneatipo 5 aporta:
profundidad analítica,
economía de energía,
observación desapegada,
concentración sostenida,
búsqueda de conocimiento por sí mismo.
Cuando un 7 toma recursos del 5:
disminuye la impulsividad,
se vuelve más reflexivo,
tolera la soledad,
encuentra placer en la profundidad,
regula la ansiedad anticipatoria.
La combinación produce:
quietud sin represión,
placer sin compulsión,
claridad sin aislamiento,
presencia sin ansiedad.
Quiero dejar asentado algo fundamental para mi tratamiento:
Cuando recibo medicación con efecto sedante o que produce un “apagamiento” cognitivo:
pierdo completamente este estado de claridad,
desaparece la regulación emocional que logré con años de disciplina,
dejo de funcionar desde la lucidez y vuelvo a un estado subjetivo de desconexión,
experimento lo que describo como “modo zombie”.
necesito abordajes no sedativos,
necesito que se respete mi autonomía terapéutica,
necesito participar activamente en las decisiones para evitar retrocesos,
no voy a permitir volver a un estado que considero regresivo y perjudicial para mi funcionamiento.
Hoy me desperté a las 10 de la mañana, con esa dormidera sin tristadera que ya reconozco como parte de mi fisiología cuando me acuesto tard...