viernes, 13 de marzo de 2026

Post -Segunda Parte del Anterior- Personas realmente "despiertas", sin misticismo, sin euforia y sin patología afectiva


En el mundo contemporáneo se habla mucho de “despertar”, pero casi siempre desde dos lugares que no me representan:

  1. el misticismo inflado,

  2. la euforia disfrazada de iluminación.

Yo quiero describir otra cosa: un estado de lucidez estable, no místico, no delirante y no afectivamente exaltado, que algunas pocas personas alcanzan después de años de trabajo interno, regulación emocional y disciplina cognitiva.

No es iluminación. No es hipomanía. No es manía. No es espiritualidad. Es funcionamiento lúcido.

1. Qué significa estar “despierto” sin misticismo

Estar despierto, en este sentido, es operar desde:

  • Presencia plena, sin ruido mental.

  • Claridad cognitiva, sin aceleración ni dispersión.

  • Regulación emocional estable, sin reactividad excesiva.

  • Autonomía interna, sin necesidad de estímulos externos para sostener el equilibrio.

  • Sobriedad perceptiva, sin adornos simbólicos ni interpretaciones mágicas.

Es un estado donde la persona no está arriba ni abajo, sino alineada.

No hay éxtasis. No hay revelaciones. No hay “mensajes del universo”. Hay lucidez funcional.

2. Cómo se diferencia de la hipomanía y la manía

La confusión es frecuente, especialmente en ámbitos clínicos donde la palabra “despierto” suele asociarse a activación afectiva.

Pero este estado no tiene nada que ver con eso.


El despertar lúcido es tranquilidad, no exaltación. Es profundidad, no aceleración. Es presencia, no fuga.

3. Quiénes alcanzan este estado

Muy pocas personas.
Y casi nunca son quienes hablan de “estar iluminados”.

Comparten ciertos rasgos:

  • No buscan validación externa.

  • No necesitan pertenecer a grupos espirituales.

  • No confunden intensidad con profundidad.

  • No usan lenguaje críptico ni simbólico para describirse.

  • No viven en lucha interna ni en éxtasis permanente.

  • No se “elevan”: se asientan.

Son personas que han hecho un trabajo largo, silencioso y sostenido sobre:

  • su regulación emocional,

  • su relación con el vacío,

  • su tolerancia a la quietud,

  • su capacidad de observar sin reaccionar,

  • su claridad para distinguir realidad de proyección.

No son místicos.
No son delirantes.
No son eufóricos.
Son adultos lúcidos.

4. Cómo se observa clínicamente

Un profesional entrenado puede identificar este estado por:

  • ausencia de impulsividad,

  • ausencia de oscilaciones afectivas,

  • lenguaje claro y no simbólico,

  • conducta coherente y estable,

  • capacidad de sostener silencio y foco,

  • tolerancia al vacío sin ansiedad,

  • pensamiento lineal y profundo,

  • ausencia de grandiosidad.

No es un estado “mágico”:
es un estado regulado.

5. Por qué es tan raro

Porque requiere:

  • disciplina,

  • introspección,

  • renuncia a la compulsión,

  • aceptación del vacío,

  • madurez emocional,

  • y una enorme honestidad interna.

No se alcanza por accidente.
No se alcanza por euforia.
No se alcanza por espiritualidad inflada.

Se alcanza por trabajo.

6. Continuidad con el post anterior

En el post anterior describí cómo un Eneatipo 7, al integrar recursos del 5, puede alcanzar un estado de ataraxia funcional, una mezcla de sobriedad epicúrea y estabilidad estoica.

Este segundo post amplía ese concepto:
no se trata solo de un fenómeno del Eneagrama, sino de un estado humano posible —raro, sí, pero posible— donde la persona opera desde una lucidez estable, sin misticismo y sin exaltación afectiva.

Es un estado que se puede perder fácilmente con sedación o dopaje, como expliqué antes, porque depende de la claridad cognitiva y de la presencia emocional, no de la anestesia ni de la hiperactivación.

Ahora comprenderá el equipo psiquiátrico todo que no voy a negociar con este estado que lo busque durante toda una vida y no voy a permitir que lo confundan con una Euforia. Y en esto quiero ser tajante al expresarme.


Pos para el equipo psiquiátrico de la Clínica Meelar

(Dr. Daniel Riquelme, Dra. Aguayo, Dra. Avellan, Dra. Meehan)

Estimados colegas:

Quiero compartirles una descripción precisa de un fenómeno subjetivo que forma parte de mi funcionamiento psicológico actual, y que considero importante que ustedes conozcan para poder trabajar de manera conjunta, respetuosa y eficaz.

🧭 1. Qué es el Eneagrama (marco conceptual mínimo y no clínico)

El Eneagrama es un modelo descriptivo de patrones motivacionales y defensivos, no diagnóstico y no terapéutico.
Organiza nueve estilos de procesamiento que combinan:

  • foco atencional predominante,

  • estrategias de evitación emocional,

  • mecanismos de defensa característicos,

  • motivaciones centrales para la autorregulación.

Su utilidad es psicoeducativa: ayuda a comprender cómo cada persona gestiona el malestar y busca seguridad emocional.

🎭 2. Qué caracteriza al Eneatipo 7

El Eneatipo 7 se define por:

  • pensamiento rápido y asociativo,

  • búsqueda de experiencias estimulantes,

  • tendencia a evitar el dolor emocional mediante anticipación positiva,

  • defensa predominante basada en la racionalización y el reencuadre,

  • múltiples proyectos simultáneos,

  • riesgo de dispersión y ansiedad anticipatoria.

No es un cuadro clínico: es un estilo motivacional.

🧘‍♂️ 3. El estado “similar a la ataraxia clásica”

Cuando un Eneatipo 7 madura psicológicamente, puede alcanzar un estado que se asemeja a la ataraxia (tranquilidad estable sin agitación interna).
En mi caso, este estado se manifiesta como:

  • reducción marcada de la hiperactivación cognitiva,

  • mayor tolerancia a la quietud,

  • regulación emocional sostenida sin necesidad de estímulos externos,

  • presencia lúcida y estable.

Aclaro expresamente: no es euforia, no es hipomanía, no es manía.
Es lo contrario: serenidad funcional.

🔭 4. Qué significa que un 7 “se integra en el 5”

En el Eneagrama, “integración” significa adopción de recursos psicológicos de otro tipo.

El Eneatipo 5 aporta:

  • profundidad analítica,

  • economía de energía,

  • observación desapegada,

  • concentración sostenida,

  • búsqueda de conocimiento por sí mismo.

Cuando un 7 toma recursos del 5:

  • disminuye la impulsividad,

  • se vuelve más reflexivo,

  • tolera la soledad,

  • encuentra placer en la profundidad,

  • regula la ansiedad anticipatoria.

🧘‍♂️📚 5. Epicureísmo (7) + Estoicismo (5): la “ataraxia 2×1”

El 7 sano se vuelve sobrio, presente y selectivo.
El 5 sano aporta ecuanimidad, foco y estabilidad emocional.

La combinación produce:

  • quietud sin represión,

  • placer sin compulsión,

  • claridad sin aislamiento,

  • presencia sin ansiedad.

A esto lo llamo “ataraxia 2×1”:
la serenidad epicúrea del 7 maduro + la estabilidad estoica del 5.

⚠️ 6. Consideración clínica importante sobre sedación y dopaje

Quiero dejar asentado algo fundamental para mi tratamiento:

Cuando recibo medicación con efecto sedante o que produce un “apagamiento” cognitivo:

  • pierdo completamente este estado de claridad,

  • desaparece la regulación emocional que logré con años de disciplina,

  • dejo de funcionar desde la lucidez y vuelvo a un estado subjetivo de desconexión,

  • experimento lo que describo como “modo zombie”.

Esto no tiene relación alguna con euforia, hipomanía o manía.
Es exactamente lo contrario: un apagamiento que anula funciones que hoy son saludables y estables en mí.

He trabajado durante décadas para alcanzar este equilibrio.
No estoy dispuesto a perderlo por efectos secundarios evitables.

No estoy rechazando el tratamiento ni la supervisión psiquiátrica.
Estoy diciendo, con total claridad, que:

  • necesito abordajes no sedativos,

  • necesito que se respete mi autonomía terapéutica,

  • necesito participar activamente en las decisiones para evitar retrocesos,

  • no voy a permitir volver a un estado que considero regresivo y perjudicial para mi funcionamiento.

Si para defender este logro tengo que poner un límite firme —algo que no hago desde hace casi treinta años de tratamiento— lo voy a hacer.
No por rebeldía, sino por cuidado propio y por respeto al trabajo que ya está hecho.



Este es el esquema que me funcionaba perfecto para tener mi atención no solo como "atención plena", sino como atención en foco super concentrada, según mis diversas tareas, y el día que fui a la guardia, fui concretamente a buscar una ayudita que me pudiera calmar de algunos enojos históricos con mis hermanas como un S.O.S. y nada más y encima no le fui a imponer ninguna medicación a la Dra. Avellan, sino que ella misma, en su entrevista me preguntó que quería y yo solicite el S.O.S. pero me doparon con 50 mg mas de quetiapina y 1/3 más de Pregabalina a las 16 hs. 


martes, 3 de marzo de 2026

La Disciplina Leandrezca, Una Regla para los Tiempos Adultos


La llamo así porque no necesita otro nombre.

No es un voto, no es un dogma, no es una penitencia.
Es simplemente mi manera de mantenerme en eje mientras avanzo hacia el territorio que elegí para mi próximo ciclo.

La Disciplina Leandrezca tiene tres pilares:

  • Epicureísmo sobrio — placer simple, bienestar corporal, luz, aire, comida justa, descanso sin culpa.

  • Estoicismo operativo — claridad, mesura, no dramatizar, no reaccionar, sostener el eje incluso cuando el clima se mueve.

  • Estado de gracia — ese clima interno que aparece cuando todo está ordenado: sin mezcla, sin ruido, sin exceso.

No es una religión.
No es una moral.
No es una renuncia.
Es una forma de presencia.

La practico porque me ordena, porque me da aire, porque me permite avanzar hacia mi norte —la casa en altura, la oficina operativa, el horizonte abierto— sin perderme en euforias ni en nostalgias.

La Disciplina Leandrezca no exige nada hacia afuera.
No pide reconocimiento.
No busca seguidores.
No pretende iluminar a nadie.

Es mía.
Me basta.
Y me sostiene.

Con eso alcanza para inaugurar un ciclo nuevo.



sábado, 28 de febrero de 2026

Último Instructivo del Patriarca Petrus


Sobre la Custodia de la Obra y la Economía del Linaje Putativo

Hay decisiones que cierran una época y abren otra. Este instructivo es una de ellas. No es un manifiesto, no es un gesto dramático, no es un rito de clausura. Es simplemente orden, honor y economía adulta aplicada a mi linaje putativo, el mismo que ya quedó fijado en mi arquitectura interior y en mi obra pública.

Este texto deja asentado, de manera definitiva, cómo se administrará mi obra —la antigua y la nueva— y cómo se regulará la economía simbólica y material que de ella surja. Es mi modo de desterrar la prodigalidad mala: la que dispersa, la que regala sin criterio, la que confunde amor con desorden.
Y es también mi modo de consagrar la prodigalidad buena: la que honra, la que sostiene, la que reconoce a quienes verdaderamente están en mi círculo.

1. La obra antigua: custodia y coautoría de Analía

A partir de este acto simple y verdadero, Analía —mi expareja, mi tercera mujer, mi vínculo noble, hoy amiga incondicional— pasa a ser:

Curator ad rem et operis de toda mi obra antigua.

Esto significa:

  • Tendrá acceso completo a todos los blogs que componen esa obra. Esa obra son el conjunto entero de todos los borradores que debí realizar hasta llegar a este febrero de 2026 en que empecé con la obra nueva que es una poderosa síntesis de la vieja toda que escribí entre 2015 el 31 de enero proximo pasado, con más otros blogs que los empecé en 2010 pero de los que perdí indefectiblemente el acceso a sus respectivos escritorios de edición por los que estas quedaran extraviada en la nube, lamentablemente.

  • Ese acceso se habilitará antes de la medianoche de mañana.

  • Su rol no es decorativo: es coautora en sentido pleno, operativo y adulto.

  • Su criterio, su lectura fina y su presencia noble serán parte del resguardo y la continuidad de ese corpus.

Este nombramiento no es sentimental. Es exacto. Es justo. Es verdadero.
Ella estuvo ahí cuando esa obra se gestaba. Le corresponde custodiarla.

2. La obra nueva: custodia y coautoría del Dr. Daniel Carlos Riquelme

Mi primogénito putativo, el Dr. Daniel Carlos Riquelme, médico de familia, psiquiatra y licenciado en informática, queda nombrado como:

Curator ad rem et operis de mi obra nueva.

Esto implica:

  • Acceso pleno a todo lo que produzca desde hoy en adelante.

  • Participación como coautor operativo en la arquitectura, el orden y la continuidad de esa obra.

  • Responsabilidad adulta sobre su preservación, su edición y su destino.

Daniel es mi heredero simbólico en salud mental adulta.
Que custodie la obra nueva es coherente con su lugar en mi linaje.

3. La economía del linaje: regla única, simple y suficiente

Ambos —Analía y Daniel— podrán obtener ganancias de la obra que custodien, según su propio ritmo, pericia y capacidad de gestión.

La regla es esta:

Todo lo que ganen, cada uno por su lado, — Cada uno podrá quedarse con el 40% de las ganancias futuras.— El 60% restante será para mí, como autor principal.

No hay letra chica.
No hay excepciones.
No hay dramatismo.
Solo orden y honor.

Esta fórmula destierra la prodigalidad mala —la que regala sin medida— y consagra la buena: la que reconoce, distribuye y sostiene sin perder la jerarquía del autor.

4. Cierre

Este instructivo es el último de su tipo.
Marca el fin de una etapa y el comienzo de otra, más sobria, más adulta y más verdadera.

Mi linaje putativo queda así, no solo nombrado, sino también ordenado.
La obra queda custodiada.
La economía queda reglada.
El rol de curator ad rem et operis implica que de inmediato les ingrese a estos curatores dinero por las obras que tienen en custodia transfieran a mi billetera virtual el dinero correspondiente, sin miramiento alguno.
Y mi prodigalidad queda purificada: solo para quienes pertenecen a mi círculo noble.
Nota del día 7/3/2026: Yo vivo de mis pasiones, alma y vida, por lo que al haber visto todo lo tremendamente paja que son mis invitados a hacerse cargo de mi obra, como así también todo lo indiferentes que resultan ser para convertirse en mis lectores únicos unos y otros a los que invité a sumarse a las obras, la he vuelto a la obra al estado de publica y sus dos curatores ya fueron nombrados y les cabe a ellos, esto de ayudarme con mi supuesta prodigalidad mala, si siguen sin intervenir, yo sigo donando al Mundo mi obra.

Fin.



Consagración laica del primogénito putativo

(entrada autónoma, tono blanco‑negro, clima de claustro, sin adornos)

El consultorio de Daniel siempre fue un claustro: pequeño, blanco y negro, sin distracciones, sin aire sobrante. Ese día entré desde la sala de espera con la sensación de que algo estaba por cerrarse y abrirse al mismo tiempo. Él ya estaba en su silla, en ese estado suyo —ataraxiado antes que yo, pero no igual—, con esa entereza que no necesita explicarse.

Me senté, hablamos lo justo, y en un momento me puse de pie. No fue impulso ni dramatismo: fue un acto adulto, limpio. Le pregunté si desearía que yo lo abrazara como hijo primogénito varón putativo. Dijo que sí, sin mover un músculo de más.

Le aclaré que yo no me cagaba. Él respondió: “yo tampoco”. Ahí quedó sellado el clima.

Nos acercamos sin ruido. El abrazo fue exactamente el que él me había mostrado minutos antes, cuando crucé la puerta del consultorio: las dos manos en la espalda del otro varón, fijas, sin palmadas, sin aire entre los cuerpos. Un silencio profundo, sin simbolismos añadidos. Solo presencia. Solo verdad.

No hubo ceremonia, pero hubo consagración. No hubo palabras, pero hubo linaje. No hubo épica, pero hubo transmisión.

Ese abrazo —quieto, entero, sin gestos de más— fue la forma adulta y laica de nombrar algo que ya existía: el primogénito putativo, reconocido sin papeles, sin rituales externos, sin testigos. Solo dos varones en un claustro blanco y negro, afirmando lo que correspondía afirmar.



domingo, 22 de febrero de 2026

Mi Tercer Nombre que lo Merecía desde la Confirmación

Petrus


Salí a caminar por el Parque La Toma y volví distinto.
No sé si renovado, pero sí más alineado. A veces el cuerpo hace lo que la mente no logra: ordena sin pedir permiso.

Quizás por eso hoy puedo escribir algo que viene dando vueltas desde hace décadas, desde antes de que yo naciera incluso. Algo que pertenece a mi linaje y que recién ahora encuentro en su lugar justo.

Mi abuela paterna, Juana Pardo, directora de escuela, mujer de carácter y de estilo Charleston, estaba casada con mi abuelo Arturo Alippi, tenedor de libros de una empresa pública y pintor de oficio y de alma.
Juana tenía varios hermanos; uno de ellos, el mayor, se llamaba Pedro. Mi papá lo quería muchísimo. Vivían en una casa enorme en Pueblo San Vicente, justo en la rotonda de la plaza del viejo Mercado, hoy CPC.

Cuando nací, mi papá —con ese estilo patriarcal paternalista de su época— decidió que me iba a llamar Pedro Leandro, en homenaje a su tío querido y también a su gran referente, Leandro N. Alem, a quien admiraba profundamente, junto con su sobrino, Hipólito Yrigoyen.

Algo pasó en el camino.
Se arrepintió de Pedro, dejó Leandro como primer nombre y quiso ponerme Leandro Hipólito.
Ahí intervino mi abuela materna, la murciana de Caravaca de la Cruz, Doña Cruz Giménez, que le pidió a mi mamá que lo convenciera de suavizar un poco el nombre. Propuso Leandro Xavier, como se escribe en España.
En el Registro Civil no permitieron Xavier, así que quedé Leandro Javier.

Pero ese Pedro quedó flotando en algún rincón de mi ser.
No como deuda, sino como pieza suelta.
El Hipólito no; el Pedro sí.
Era nombre familiar, de linaje paterno-materno.

Por otra parte, cabe destacar que mi mamá, también directora de escuela, pero rural, Georgina Irene García Gimenez, llamada por todos, la Coca y por sus nietos, la Coquita, me catequizo domésticamente conforme su propia catequesis inicial, o sea: Preconciliarmente. Uno de sus mayores legados en esta tradición antigua fue la de entronizar al Sagrado Corazón de Jesus en nuestra casa, lo que hice con el cura Párroco de la Catedral de Unquillo, la Iglesia de Lourdes, en el año 2017, cuando vivía allá solo en el monte, en ese hermoso rancho al que lo bauticé El Refugio y que lo llevé como solo yo sé hacerlo, a la categoría de Domicilio Real de mi DNI de aquel momento (A las pruebas me remito). Esa tradición, por cierto, nos enseña a los fieles que la entronización referida es una vez en la vida y nos acompaña a todas las futuras casas a donde nos vamos mudando por lo que en este Clermont donde vivo hoy en día, sigue el Sagrado Corazon entronizado y hasta el fin de mis días.

Volviendo al eje: Pasaron los años y un día mi sobrino Octavio Muiño, hijo de Lucía y Gustavo, junto con Victoria Giraudo, tuvieron a su primogénito. Lo llamaron Pedro.
Y algo en mí zapateó de alegría.
No por nostalgia, sino porque ese nombre volvía a aparecer en mi linaje, limpio, sin forzar nada.

Hace unas semanas, después de un mes entero de enclaustramiento ordenando mi obra vieja y reescribiendo la nueva, mis hermanas se preocuparon por mi salud y organizaron una salida a San Clemente del Tuyú, en la falda de las Sierras Grandes.
Alejandra me convenció de ir con ella.
La travesía fue un carnaval literal: embotellamiento, extravíos, rotondas nuevas, y yo en silencio a propósito hasta que me pidió ayuda.
La hice volver por el camino viejo de Falda del Carmen, doblar en el bar Qito, y tomar ese sinuoso y hermoso camino a Bosque Alegre.
Llegamos al fin, donde nos esperaba la familia Muiño Alippi.

Al rato llegó Octavio con los suyos.
Entre bromas y conversaciones serias, surgió el nombre de su hijo.
Y ahí se abrió algo.

Recordé que mi hermano Baltasar, cuando recibió la confirmación en la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, eligió libremente su tercer nombre: (Vicente).
Siguiendo ese gesto, me puse de pie ante Octavio —que estaba sentado como todo un pashá, un señor poderoso en miniatura doméstica— y le pedí solemnemente que me convidara el nombre de su primogénito.

La negociación sagrada siguió por chat.
Con humor, con silencios, con esa mezcla nuestra de linaje y pavada.

Hasta que él me dijo:

“Vos podés llamarte como quieras.”

Y yo entendí.

No se trataba de apropiarme de un nombre civil.
Se trataba de completar una identidad.

Petrus.
Piedra.
Conservación.
Sabiduría de la existencia.
La pieza que faltaba en mi carta natal, justo donde Saturno en Tauro Tauro la estaba esperando.

Hoy lo tomo.
No como nombre nuevo, sino como completitud.
Como gesto de linaje.
Como reconocimiento a mi papá, a mi abuela Juana, a mi abuelo Arturo, al tío Pedro, y a este nuevo Pedro que llegó para continuar la línea sin que nadie lo planificara.

Y también como gesto hacia mí mismo, hacia ese niño que casi se llamó Pedro y que ahora, tantos años después, recibe la piedra sin peso, sin mandato, sin iglesia que construir.

Solo piedra.
Solo linaje.
Solo identidad.

Petrus.

Y con esto, renombro también este espacio.
Porque un blog, como un nombre, es un acto de origen.




sábado, 21 de febrero de 2026

Diálogo con un Hermano Mayor Intelectual (Juanselink)

(Dedicado a Juanse)

Hay conversaciones que no son charlas: son encuentros.
Y ayer tuve uno de esos con Juanse, mi hermano mayor intelectual, ese que te mira con lupa pero sin maldad, que te corrige sin herirte, que te provoca para que pienses mejor.

La cosa empezó simple, casi en broma:

—“superLea?”
—“Nano García.”

Y de ahí, como siempre, nos fuimos al barro fino:
mi estado, mi clima, mi modo de estar en el mundo.

Yo dije “ataraxia”.
Él dijo:
—“No. Las cosas por su nombre.”
—“Buscate un nombre propio para describir tu estado.”
—“No confundas a la gente.”

Y ahí apareció lo que él vio con claridad antes que yo:
Disciplina Leandrezca (DL).
Mi disciplina.
Mi camino.
Mi práctica.
Mi eje.
Mi modo de caminar el mundo.

No no me lleva a la ataraxia griega.
No es euforia.
No es hipomanía.
No es defensa.
No es “bánquenme como soy”.

Es otra cosa.
Es mía.
La construí durante 55 años.
Y sí, tiene un toque egoico —como él me marcó— y me hago cargo.
Porque también merezco un poco de egoísmo adulto, del bueno, del que ordena y no del que aplasta.

Juanse me dijo algo que me quedó resonando:

“Falta la parte de relaciones que se brindan al otro.
Se ve como defensa.
No propone una vía de interacción sana que sea nutricia también para el otro.”

Y tenía razón.
No toda, pero una parte sí.
Porque mi DL es activa, potente, severa si querés, pero también íntima.
Y la parte relacional no la escribo: la enseño en persona.
Cuando peregrinamos juntos, él lo ve.
Cuando caminamos entre la gente, él aprende su propio modo.

Él me dijo:
—“No voy a moverme de mi lugar.”
Y yo le respondí:
—“Estate en tu sitio y peregrinamos juntos online.”

Porque la DL no exige desplazamiento físico:
exige presencia.

Y entre chistes, correcciones, filosofía griega, yoguis, epicúreos, manuales que no existen y estados que sí existen, lo que quedó fue esto:

dos hombres adultos hablando con verdad, sin herirse, sin competir, sin infantilizarse.

Un hermano mayor intelectual que me marca un punto ciego.
Un hermano menor simbólico que lo recibe sin reacción adolescente.
Y un vínculo que se fortalece cada vez que uno corrige y el otro escucha.

Gracias, Juanse.
Por madrugarme.
Por no dejarme caer en palabras que no me corresponden.
Por ver la DL antes que yo.
Por señalar sin herir.
Por pensar conmigo.
Por ser testigo de mi modo de estar entre las gentes.

Este post es tuyo.
Te entrego este gesto.

Si quiere ver de qué se trata la disciplina Leandrezca haga (clic acá)



El Encuentro con Alejandra en el Clermont

Hoy tuve uno de esos encuentros que parecen simples, pero que te ordenan el día entero.

Alejandra cayó a buscarme para ir a comer a La Ruleta de Pancho, pero antes quiso conocer la verdulería de la dueña peruana experta que tengo a dos cuadras. Esa mujer que elige fruta como si fuera un arte.

Y ahí tenés a Alejandra, hermana del norte —Villa Allende Golf, territorio de millonarios y asquientos profesionales— fascinada con cada detalle del barrio.
La verdulería, las casas originales, la servidumbre de paso impecable, todo como si descubriera un pequeño tesoro escondido en Alto Alberdi.

En La Ruleta comimos como corresponde:

  • milanesa con toque de escalopín,

  • tortilla de papas,

  • dos bebidas de medio,

  • flan con crema partido a la mitad.

Salimos utacos y pagamos $ 15.000 cada uno.
Comida real, vida real.

Volvimos caminando al Clermont y en dos cuadras Alejandra ya había identificado la arquitectura histórica del barrio.
Y ahí me tiró una prueba:

—“¿Querés que nos cambiemos al edificio nuevo?”

Mi respuesta fue automática, teatral y 100% García:

—“¡Niiii looooccoooo! A mí nadie me mueve nunca más de mi Clermonnnntttt. ¿Vos creés que voy a desarmar la tatami para bajarla por la escalera?”

Se rió, obvio.
Porque sabe que El Clermont es mi monasterio, mi eje, mi territorio consagrado.

Entramos y la dejé inspeccionar mi orden, sabiendo que venía con el dato de que Lucía me había ayudado anteayer con la limpieza profunda por la licencia de Érica.
Pero lo que ninguna termina de registrar es que ya aprendí a ordenar solo, con mis manos, con mi disciplina leandrezca.
Ese es mi logro silencioso.

Y ahí vino la escena del café.
Tenía preparados los Bonafide molido intenso para ellas, y un solo café Vélez para “alguien del pueblo”.
No va que Alejandra agarra el Vélez.

Primer rugido:

—“¡Esos son para el pueblo! Agarrá un Bonafide intenso, caramba.”

Retruca:

—“Y bueno… si tenés el Vélez primero, pensé que no había más.”

Hermoso.

Segunda pifiada:
Se endulza directo de la bolsa de azúcar.
Segundo rugido:

—“¡Pero si acá tenés tu azucarera!”

Y le muestro la de siempre, la que durante años estuvo vacía porque yo solo usaba chuker.
Ella, descolocada:

—“Y bueno… no me acordaba de esa azucarera.”

Sitcom familiar.

Después sacó cuatro bananas “como hostias” y una ensalada de frutas.
Y yo la senté frente a mis planillas.
Tenía que pedirle el permiso que necesito para avanzar con inversiones y, más adelante, la internación mecánica completa de la Taunus.

Al principio estaba más pajosa que la Lourfectia: un pajonal entero de las sierras grandes.
Pero al final se puso.
Y cuando vio mi capacidad de ahorro in crescendo, se le salieron los ojos.
Cuando escuchó mi propuesta al venezolano —arreglo total, presupuesto pactado, cuotas sin interés, actualización por IPC— quedó chocha.
Aunque, fiel a las hermanas Alippi, todavía no me cree del todo.
La desconfianza es institucional, no personal.

Hubo dos rugidos míos y un amague de portazo de ella.
Pero el encuentro terminó siendo un lograso.
Porque hoy Alejandra vio a un Leandro adulto, ordenado, lúcido, con proyecto y con humor.
Y yo vi que puedo rugir sin perder clima.

Un día simple.
Un día real.
Un día bueno.



Mi linaje propio y putativo que obviamente se le suma al legítimo.

Hay familias que vienen por sangre. Y hay familias que vienen por verdad, por presencia, por honor, por afinidad. A esa familia la tradición antigua la llamaba putativa: del latín putare, “tener por tal”. Como San José: Padre de Jesús, no por biología, sí por verdad.

Durante años quise fundar instituciones, órdenes, estructuras. Hoy sé que mi verdadera fundación es esta: la que construí con vínculos nobles, estables y adultos. Mi linaje propio. Mi rama Alippi García elegida. Mi gente.

Aclaro algo esencial: mi arquitectura interior no son personajes, sino componentes de mi ser. El Leandro —mi alma, mi abad— siente este linaje con fuerza y con honor. El Alippi —mi mente— lo ordena. Y el Doctor —mi oficio— lo certifica.

Este es mi linaje putativo. Mi tribu. Mi constelación afectiva. Sin papeles. Sin drama. Sin mística. Solo presencia.

✦ I. Hermanos mayores putativos

Los de oficio. Los de madera. Los de taller.

  • Mario TorresCórdoba Capital
    Tte. de Reserva. Veterano de Malvinas.
    Cantor. Conferencista.
    Oficio: carpintero y ebanista.
    Mi hermano mayor por elección.

  • Federico “El Tano” Ricciardi
    Restaurador de arte.
    Oficio: ebanista aprendiz y carpintero.
    Otros oficios: numismática y filatelia.
    Mi linaje de oficio.

✦ II. Hermanitos mayores intelectuales / espirituales

Los que me preceden en pensamiento y en clima.

  • Verónica Elizabeth Serra (Ely)
    Técnica experta.
    Oficios: análisis clínicos, bromatología, economía doméstica, protección animal.
    Emprendedora (Ensueño).
    Conocimiento profundo en catolicismo clásico y Cábala.
    Mi hermana mayor intelectual y espiritual.

  • Baltasar Gonzalo (Vicente) Ferrer
    Humanidades, Diplomado en Malvinas y Antártida, Lic. en Relaciones Internacionales.
    Mi hermano mayor intelectual.

  • Juan Sebastián Barrado (Juanselink)
    Humanista, asistente terapéutico, músico.
    Mi hermano mayor espiritual y operativo.

✦ III. Hermanos menores putativos

Los que vienen después. Los que cuido sin inflarme.

  • MarcosArquitecto. Ahijado del corazón.

  • NadiaProfesora de Economía. De vulnerable fuerte a fuerte total.

✦ IV. Hijos putativos

Los que reconozco desde el corazón adulto.

  • Dr. Daniel Alejandro Riquelme
    Psiquiatría, medicina familiar, informática.
    Mi hijo varón putativo.
    Mi heredero simbólico en salud mental adulta.

✦ V. Hija mayor putativa

La verdad después de la pareja.

  • Analía
    Mi hija mayor putativa.
    Mi expareja.
    Mi vínculo noble.
    La pareja evolucionó a su verdad.

✦ VI. Nietas putativas (Villa María)

Mi linaje femenino elegido.

  • Rocío Celestela mayor.

  • Martina Palomaviajera, guardiana del humor.

  • Isabella Francescala que ordenó el vínculo: padrastro e hijastra. Caso cerrado.

✦ VII. Nieta putativa

  • Lourfecitavulnerable fuerte, testigo adulta.

✦ VIII. Hermana espiritual / amiga del alma

  • Ericapresencia noble, sostén silencioso.

✦ IX. Nieto putativo en formación

  • Aharontécnico, acuariano, abanderado.
    El pacto está en clima.

  • (actualización breve, incorporando su consagración)

    Aharon Lee queda incorporado al linaje putativo como nieto ya consagrado. El clima estaba listo desde antes, pero hoy se completó el gesto: palabra, objeto, pacto y abrazo. Entra como técnico abanderado, con la misma dignidad simbólica que Lurfecita, y con su lugar asegurado en la genealogía elegida.

✦ X. Ahijados

  • María Josefina AlippiLic. en Letras Modernas.

  • Tristán Pauli Alippiyogui.

  • Constanza Canepaestudiante.

  • Dante Flaminiherrero y humorista catastrófico.

✦ Ajuste final sobre Analía y sus hijas

Mi corazón está cerrado en lo amoroso, pero no en lo afectivo adulto. El pacto del 23 de enero fue claro: amigos de por vida. Eso ordena todo.

Por eso:

  • Rocío Celeste → hijastra putativa

  • Martina Paloma → hijastra putativa

  • Isabella Francesca → hijastra putativa

Isabella misma lo pidió. Y yo, sin hijos de sangre, recibo ese honor con alegría adulta. Usted puede leer sobre profesión mas trascendental entrando a este link desde acá

✦ Cierre

Este es mi linaje putativo.
Mi familia elegida.
Mi tribu real.
Mi gente.
Sin papeles.
Sin épica.
Sin drama.
Solo verdad, humor y honor.

Mi linaje propio se compone de vínculos elegidos y vínculos legales, cada uno en su categoría correspondiente. El adjetivo “putativo” no reemplaza al sustantivo: solo califica la naturaleza elegida del vínculo. — Mis hijastras: Isabella, Rocío y Martina, por filiación convivencial reconocida. — Mis ahijados legales: Josefina, Dante y Constanza, conforme al derecho canónico. — Mi ahijado putativo: Tristán. — Mis hermanos y hermanas putativos: los que así se reconocen en vínculo adulto y horizontal. — Mis hijos putativos: quienes se ubican libremente en ese lugar afectivo, sin alterar la legalidad genealógica. — Mis nietos y nietas putativos: los que derivan de esos vínculos elegidos. Cada vínculo conserva su sustantivo y su lugar legal y lógico. Mi linaje propio no sustituye ni continúa el patriarcado de mi padre, que queda cerrado en su ciclo. Tampoco funda un patriarcado nuevo: es un linaje adulto, autónomo y horizontal, que convive con los linajes de mis hermanas y de cada adulto de mi comunidad. Cada adulto en su linaje. Yo en el mío. Todo en orden.

✦ V. Ajuste sobre Analía

Antes:
“Mi hija mayor putativa. Mi expareja. Mi vínculo noble. La pareja evolucionó a su verdad.”

Después (versión adulta, limpia, sin épica):

Analía
La historia compartida tuvo su lugar y su tiempo.
Hoy el vínculo se ubica en su verdad adulta: cada uno en su linaje real.
Sin rol putativo, sin obligaciones, sin economía cruzada.
Aprecio lo vivido, pero el linaje elegido se sostiene solo donde hay reciprocidad y presencia real.

✦ VI. Ajuste sobre las hijas

Antes:
“Hijastras putativas… Isabella misma lo pidió… recibo ese honor con alegría adulta.”

Después (versión adulta, limpia, sin épica):

Rocío, Martina e Isabella
Afectos valiosos en su momento.
Hoy cada una sigue su propio linaje, y yo el mío.
No hay vínculo putativo activo: no hubo reciprocidad suficiente para sostener esa categoría simbólica.
Agradezco lo compartido, sin roles ni ficciones.

✦ Ajuste final sobre Analía y sus hijas

Antes:
“El pacto del 23 de enero fue claro: amigos de por vida. Eso ordena todo.”

Después (versión adulta, limpia, sin épica):

Ajuste final
Los pactos se sostienen cuando hay presencia mutua.
Cuando no la hay, se reubican sin drama.
El linaje propio se compone de vínculos reales, recíprocos y disponibles.
Analía y sus hijas quedan fuera del linaje putativo, con respeto y sin deuda.
Cada adulto en su linaje.
Yo en el mío.
Todo en orden.





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