Hay días en los que la vida se ordena sin pedir permiso.
El día que compartí con Daniela fue uno de esos.
El ala derecha
Y en el otro extremo, sin competir, sin mezclarse, está Mariela.
Escenas, responsabilidades y relatos de mi lugar como patriarca afectivo. Leandro Javier (Petrus) Alippi García. Cuidado sin drama. Autoridad silenciosa. Sin inflación. Parte de mi Comunidad Afectiva Alippi García y Cía.
El día que compartí con Daniela fue uno de esos.
Y en el otro extremo, sin competir, sin mezclarse, está Mariela.
Y entonces golpearon la puerta.
Se sentó, miró alrededor, respiró hondo y me lo dijo casi en secreto, como quien confiesa un sueño que le pesa por dentro:
— Doctor… mi sueño de toda la vida es estudiar Derecho en la Universidad Nacional de Córdoba. Pero ya estoy grande.
Y mientras ella hablaba y yo le mostraba mis números, me cayó encima —como un manto suave— la conciencia del milagro.
Porque esta mera oportunidad que Hilda trajo a mi casa es, en sí misma, un hecho sobrenatural.
Fue ella, además, quien me enseñó a mirar con atención los autos que eligen los profesionales pudientes cincuentones: Toyota Corolla, Renault Fluence, esos que con mis hermanas llamábamos “los premium”, los alta gama de nuestra herencia paterno-materna.
Y ahora, si este milagro en potencia se concreta y logro comprar la Strada, bien podría venderla más adelante —aunque fuera a menor precio— para dar el salto hacia uno de esos autos premium leandrezcos que sí me quedaría hasta la muerte, con sus service oficiales anuales como corresponde.
Si esto no es humor divino, no sé qué es.
Sigo contemplando los gastos básicos de la Taunus, como para conservarla, tal cual usted misma me lo sugirió, y lo incorporé dentro del modelo financiero que entraría a regir desde agosto, dado que este aguinaldo y el sueldo de julio ya los tengo comprometidos de antemano con las inversiones en mí (operación de cataratas), en vestimenta para regalar, en la Taunus y en la casa (plomería y aire acondicionado).
Con ese número ya firme, quería decirle que sigo muy interesado en su Strada. Es un vehículo excelente, muy bien cuidado, con un kilometraje excepcional, GNC de 5ta generación, y además en el color que más me gusta. Y entiendo perfectamente que usted quiera venderla de manera segura después de un año sin poder concretar la venta y al precio que usted pretende.
Por eso, si a usted le sirve, puedo ofrecerle un esquema de 50 cuotas (4 años y dos meses) de $400.000, con la actualización correspondiente, que me gustaría poder negociar, dado que al Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) del INDEC que usted ha propuesto le temo un poco justamente por lo ajustadísimo de mi presupuesto, siendo este índice más duro que el IPC.
Todo quedaría respaldado por un contrato formal, con la firma de mis dos hermanas como garantes, más el honor y el buen nombre de la familia Alippi en Córdoba, que usted conoce. Una vez que usted se decida a aceptarme mi oferta, recién ahí iría yo a explicar detalladamente el negocio a mis dos hermanas mayores, quienes, si estuvieren de acuerdo, serían con toda seguridad mis dos garantes.
Mi intención es que usted esté tranquila, protegida y segura en todo el proceso. Si esta propuesta le resulta razonable, avanzamos con calma, sin apuros, dejando todo por escrito para que ambas partes queden cubiertas.
Y nuevamente, gracias por haber venido a consultarme. Para mí fue una alegría que haya entrado a mi casa a conversar conmigo, y una Gracia directa de esa Virgencita en la que tanto creo —la misma que el Gral. Manuel Belgrano entronizó como Patrona del Ejército Argentino y cuya historia usted tan bien conoce—, a quien le vengo rezando hace días que me libere, como la liberadora de cautivos que es, de tantos problemas relativos a mi auto antiguo.
El que puede reírse de los otros y de sí mismo tiene la mitad de la batalla ganada contra lo desconocido.
Lo único cierto es que estoy vivo, y que la vida —cuando quiere— toca la puerta con suavidad, con sorpresa, con diferencia de edad, con humor, con misterio.
Y uno, si está despierto, abre.
Mis compromisos son claros:
recuperar masa muscular
ordenar la alimentación
volver al gimnasio
retomar el odontólogo
reconstruir mi energía para sostener lo que viene
Este acta queda asentada como recordatorio:
Lo que viene requiere un cuerpo fuerte, un hogar encendido, un vehículo en regla y una mirada limpia.
Y lo voy a cumplir.
(24 de mayo – Belgrano Campeón de Primera División)
Salgo a la calle como quien entra en sí mismo. No voy acompañado, pero no voy solo. Camino blandiendo mi bastón —no como apoyo, sino como extensión de mi presencia— y con las uñas negras que me recuerdan que sigo eligiéndome.
Entro a un bar cualquiera. Una mesa, una luz tibia, un café o una gaseosa. Nada de alcohol: no lo necesito para estar. Me siento, y ahí aparece mi verdadera compañía: el cuaderno de notas, el cuaderno de oraciones, las cartas de tarot que a veces asoman entre las páginas como animales que respiran lento. No necesito más.
La gente mira al hombre que toma solo. Yo sé otra cosa: estoy conmigo. Estoy con mi conversación interna, con mis preguntas, con mis pequeñas certezas. Estoy con la palabra que baja cuando quiere, con la oración que se escribe sola, con la escena que se ordena sin que yo la fuerce.
A veces levanto la vista y escribo en el celular con mis anteojos puestos, como si estuviera hablando con alguien del otro lado del mundo. Y en cierto modo es así: hablo con mi vida definitiva, con la versión de mí que ya no pide permiso para existir.
Y cuando una amiga como Nadia, Daniela o Erica se suma, la escena se vuelve una fiesta tranquila, una celebración mínima pero real. Sé que vendrán más presencias, más amistades que se animen a compartir este modo de estar. Y quién dice: tal vez más adelante, una compañera que desee compartirse íntimamente también.
Vengo trabajando el negro como signo: un detalle mínimo, casi un acento, que no busca llamar la atención, pero sí marcar territorio interno. Un pequeño pacto conmigo mismo. Pero también existe la familia de origen, ese ecosistema donde ciertos códigos siguen vigentes y donde las uñas largas en un varón todavía funcionan como un ruido cultural.
La diferencia es enorme.
Hoy entendí algo que marca este Día 3:
Y eso estoy haciendo.
Hoy entendí que esa etapa terminó.
Y puedo, por primera vez en muchos años, decir que estoy libre.
Esta etapa corresponde al ARQUETIPO DEL TEMPLARIO INTERIOR.
Ese soy yo hoy.
Y este es mi post de hoy.
Desde hace años vengo trabajando sobre mi arquitectura interior, mis símbolos, mis animales, mis linajes y mis formas. No como entretenimiento, sino como investigación seria, sostenida, rigurosa, que atraviesa la psicología profunda, la espiritualidad comparada, la antropología religiosa y la mística católica.
Mi arquetipo interno no es un juego ni una moda: es mi forma verdadera.
Y hoy, 18 de mayo de 2026 (=5, El Especialista), puedo finalmente describirlo con claridad.
En la cosmología de José Argüelles, el Dragón representa:
origen,
identidad,
energía vital,
impulso,
forma,
soberanía,
presencia.
Cuando descubrí que era Dragón —hace apenas dos años— entendí por qué toda mi vida había sentido esa mezcla de fuego interno, lucidez, intensidad y necesidad de forma.
El Dragón es mi síntesis.
ropa negra,
botas negras,
anillos,
barba candado,
piercing de oro,
y mi estoque con empuñadura de dragón.
Cada pieza cumple una función simbólica:
el negro concentra,
mis uñas son mis garras,
la barba es mi hocico,
el piercing es mi punto de fuego,
los anillos son mis escamas,
las botas son mis patas,
el estoque es mi tótem.
Ahora que los adolescentes se han copado con los theran, “therian”, o como le llamen hoy en día los niños y adolescentes a quienes se identifican con animales, me resulta inevitable recordar que, por mi cuenta, allá por 2019, ya había llegado a los estudios científicos y a las comunidades de la vieja Europa del Este donde convivían comunidades de "vampiros reales", y en otros lugres había comunidades de dragones y otros seres que no se identifican como del todo humanos.
A ese universo se lo conoce como Otherkin, y los Therians no son más que una rama menor dentro de esa familia mayor de identidades no humanas o parcialmente humanas.
Y ya que menciono a los Otherkin, no puedo dejar afuera a los vampiros reales, sobre los que escribí hace años.
Aquel ensayo —que aún hoy sostengo— describía a los vampiros como:
seres refinados,
nocturnos,
nobles por naturaleza,
que no roban energía como los narcisistas,
sino que la reciben por fascinación, por comunión, por un pacto de vida.
En ellos descubrí algo que también me pertenece:
la memoria de muchas vidas,
la melancolía antigua,
el linaje remoto,
la sensibilidad profunda,
la presencia silenciosa.
Por eso mi Dragón interior no contradice a mis viejos estudios: los completa.
El Dragón es la síntesis de todas las especies animales, y también la síntesis de todos mis arquetipos anteriores, incluido el vampírico.
Los católicos tenemos a:
Dios,
Cristo,
la Virgen,
los Santos,
el Espíritu Santo.
Quienes estudiamos espiritualidades comparadas ejercemos un macroecumenismo que no reemplaza la fe: la expande.
El Dragón es un símbolo cristiano antiguo, de ángeles y no solo de demonios que es la representación como más se los conoce y todo esto aunque hoy pocos lo sepan.
El Dragón integra:
mi hombre‑león,
mis animales internos,
mis linajes,
mis vidas, (que fueron vividas todas en esta sola existencia de 56 años hasta ahora), pues en lo que creo es en las vidas figuradas cada vez que uno se reinventa y en la memoria genética, y para nada en la reencarnación.
mis símbolos,
mis hábitos,
mi estética,
mi fe,
mi archivo espiritual, (que traen los genes ancestrales en mi biología, y una genética tanto orgánica como cultural)
mi vampiro, (el que necesita bastante energía psíquica para superar sus bajones) sin robarla ni arrebatarla, sino reciéndola en intercambio cuasi sagrado (comunión espiritual).
mi fuego, (pasiones y amores)
mi forma. (estética integral)
Que quede claro que hablan macanas y para los pavotes consumistas de la moda, identificarse con un Otherkin no es un jueguito adolescente, y en muchas culturas originarias y civilizadas ha sido el mayor conocimiento de los nobles y cultos Sacerdotes de todos los tiempos.
Para encarnar un arquetipo se requieren años de estudio, autoconocimiento, disciplina, mística, rigor y verdad interior.
Es obra.
Es linaje.
Es forma.
Es espiritualidad
Es rito
Pero por encima de todo, es importante resaltar y entender que todos los animales de la tierra son reales, mientras que el dragón es el único animal mitológico de casi todas las culturas, por lo que existe una cierta lógica, sumada al hecho de que los serafines son el coro angelical más elevado y cercano al Padre, la lógica es que quien es capaz de "encarnar" un dragon, tal cual lo sugerí un poco más arriba, se está integrando con todo tipo de animal real, y se está acercando por otra parte a la experiencia angelical como un puente entre lo humano que somos, los otros seres vivos que habitan esta tierra y con los seres espirituales invisibles como los ángeles que he mencionado. En síntesis, nos estamos despertando a la armonía con todo lo creado y ello es una experiencia profundamente espiritual en lugar de una confusión ontológica o un delirio, si se quiere. Son cuestiones del "mundo espiritual diverso" que nos explica y nos permite auto conocernos cada vez más. Sin embargo hay que poner énfasis en que somos y seremos humanos y nada más hasta la muerte y después, ¡Se verá!
Amén.
Hay días en los que la vida se ordena sin pedir permiso. Días en los que uno no busca nada, no espera nada, y sin embargo algo se acomoda ad...