Ayer tomé una decisión que me dejó pensando bastante: dejar de concentrar mi energía vital en la búsqueda afectiva femenina.
No porque reniegue del amor ni porque tenga algo contra las mujeres. Simplemente porque llegué a un punto de cansancio en el que ya no quiero que una parte tan importante de mi vida dependa de si aparece o no aparece alguien.
Sin embargo, al hacer eso apareció una pregunta incómoda.
Si retiro esa energía de la búsqueda de pareja, ¿qué hago con ella?
Pensándolo en los términos simbólicos que suelo utilizar, llegué a una conclusión: mi energía vital no necesita necesariamente una pareja para tener sentido. Lo que necesita es circular, crecer y transformar algo.
Durante mucho tiempo asocié gran parte de esa fuerza a la búsqueda de una relación. Ahora que decido retirarla de ahí, aparece una sensación de vacío. Pero el vacío no significa que la energía haya perdido sentido. Significa que todavía estoy buscando un nuevo cauce para ella.
Esa energía puede ir hacia mi cuerpo y mi salud.
Puede ir hacia la restauración de la Taunus.
Puede ir hacia mis ahorros, mis inversiones y la construcción de mi patrimonio.
Puede ir hacia mi blog, mis escritos y mis proyectos.
Puede ir hacia las amistades que me hacen bien.
Puede ir hacia el cultivo de mi mundo interior.
Si algo me enseñaron estos años es que soy capaz de sostener proyectos largos. Llevo más de cinco años y medio empujando la restauración de la Taunus. Eso demuestra que mi energía vital puede construir algo importante aun cuando no esté puesta en una relación de pareja.
Por eso hoy empiezo a pensar que la pregunta correcta no es:
"¿Cómo hago para vivir solo?"
La pregunta correcta es:
"¿Qué obra quiero que absorba mi energía vital durante los próximos años?"
Sospecho que, cuando encuentre esa respuesta, encontraré también una nueva forma de sentido

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