sábado, 28 de marzo de 2026

Tercer post sobre mi tratamiento con el Midax (Olanzapina)


Desde hace más o menos 15 días el equipo psiquiátrico de la Clínica Meelar, encabezado por mi queridísimo Dr. Daniel Riquelme me cambiaron la Pegabalina y la Queteapina por el Midax en dos tomas de 2,5 mg a la mañana y otros 2,5 mg a la noche, y no he parado de dormir entre las 2 am cuanto mucho y por diez horas, o sea hasta las 12 pm y luego siestas entre las 14 hs y de hasta las 19 hs. 
Esto va muy en contra de lo que veníamos diciendo de un despertar lucido y de ese estado que estaba tratando de defender con todo mi derecho humano a elegir el tratamiento que se me brinde y el consentimiento informado debidamente, y que esta descripto en estas dos entradas que a continuación linkeo, por lo que no voy a tomar las medidas extremas de regresar a mi viejo psiquiatra Carlos Zurita, lo cual he estado pensando mucho, sino que no los voy a traicionar a los de la Clínica Meelar por todo lo condescendientes que son conmigo, sin embargo por primera vez en toda mi historia de obediente paciente psiquiátrico me declaro en estado de total rebeldía para con el Midax y necesito que se me escuche con el esquema que tan bien me hacía porque si no mi rebeldía va a ser aún mayor. Era el esquema que me mantenía en el estado de ataraxia o semejante a la ataraxia al que yo le llamé Raya o Raja Leandro y que como lo vengo expresando de manera clarita es un estado que se me debe respetar por cuanto nada tiene que ver con la euforia tanto hipomaniaca como maníaca. 





viernes, 27 de marzo de 2026

Cuando el duelo se vuelve ruido

Hay duelos que no se anuncian: se instalan.

Uno cree que cerró un ciclo con claridad, que la decisión fue adulta, que el orden interno alcanzaba. Y, sin embargo, días después, aparece un ruido sordo, persistente, que perfora la compostura. No es nostalgia. No es arrepentimiento. Es el cuerpo reclamando una presencia que ya no está.

En estos días descubrí algo incómodo: incluso un hombre entrenado en el orden, la sobriedad y la autonomía puede quebrarse. No por debilidad, sino por humanidad. El llanto no invalida la decisión tomada; sólo confirma que hubo afecto real.

Lo difícil no es la ausencia de la otra persona.
Lo difícil es el vacío que deja la rutina compartida. Ese hueco se siente como una caída. Y en la caída, la mente fabrica atajos: “volver”, “reabrir”, “reintentar”. Pero esos atajos no conducen a la paz; conducen al mismo laberinto del que uno salió con esfuerzo.

El duelo, cuando se vuelve ruido, exige una sola cosa: sostén.
No heroísmo. No épica. No decisiones impulsivas.
Sostén humano, cotidiano, simple.

Hoy escribo esto para recordármelo:
la dignidad no se pierde por llorar,
la adultez no se suspende por extrañar,
y el valor no desaparece porque duela.

El duelo es parte del camino.
Y el camino sigue.



domingo, 22 de marzo de 2026

El Hombre Valor

Un hombre valor es, antes que nada, un hombre entero.
Y un hombre entero es un hombre autónomo: autoválido, autosuficiente y capaz de moverse por sus propios medios en todos los planos de la vida.

Esa autonomía no significa aislamiento. A veces se sostiene con la ayuda de otras personas que facilitan la vida cotidiana, como ocurre con quienes colaboran en las tareas del hogar o en el cuidado personal. La autonomía también puede ser acompañada.

Un hombre valor es libre.
No porque sea “soberano”, sino porque no pide permiso para vivir.
Su libertad no es absoluta: entiende, como ya lo sabían Aristóteles y Osho, que la vida humana es interdependiente. Nadie se desarrolla del todo en soledad absoluta.

También sabe que hay momentos en los que uno necesita apoyo. Como decía aquel trabajador de Discapach: “Solo no puedo, pero con ayuda puedo un montón.”

Con el tiempo, el hombre valor deja de rendir cuentas.
No por rebeldía, sino porque llega un punto en que se elige a sí mismo.

Puede estar solo, sí.
Pero no por falta de amores: por abundancia.
Ya vivió, ya honró, ya entregó. Y ahora elige una soledad habitada, fértil, llena de intereses, pasiones, pequeñas artes y contemplaciones. Una soledad que no es vacío, sino territorio propio.

Los afectos siguen ahí: los que lo visitan, los que él visita, los que comparte.
La soledad no lo encierra: lo ordena.

Si atraviesa un duelo —por muerte o por separación—, lo hace sin estridencias.
Su dolor es adulto, sobrio, silencioso.
Tal vez a las dos de la mañana salga a comprar unas galletas y una gaseosa. Nada más. Ese es su modo de sostenerse: gestos mínimos, sin autodestrucción.

El hombre valor tiene un viaje interno por delante.
No una fuga, no un turismo emocional: un viaje hacia su propia inteligencia emocional, que ya reconoce como su mayor recurso.

En ese camino, la vida puede ponerle enfrente a una mujer entera.
No para construir familias nuevas ni proyectos agotadores, sino para compartirse sin dramas, sin exigencias, sin contratos invisibles.
Dos personas suficientes que saben que la riqueza está en la calidad de vida y en la profundidad de lo simple.

La mejor aventura no siempre es un aeropuerto.
A veces es reírse en un ómnibus urbano que parece un viejo zamba.
O almorzar en un banco de plaza con un mate y una viandita.
O mirar con humor adulto los rituales de la juventud en esos bebederos que parecen destilerías.

El viaje puede ser en un auto clásico, o en un bus, o caminando.
Pernoctar en un hotelito o en una carpa.
Y volver pronto a las ocupaciones.
Porque para ellos, una muestra basta.

Lo mejor ocurre cuando acuerdan compartir su intimidad.
Ahí cada uno aporta su maestría, su templanza, sus años.
Y llegan a ese estado lúcido y adulto donde cuerpo y conciencia se encuentran sin esfuerzo.
Sin misticismos: solo presencia.

Ese es el viaje del hombre valor.
Un viaje sin épica, sin demostraciones, sin ruido.
Un viaje de suficiencia, de libertad adulta y de presencia verdadera.

Este artículo se continúa en esta otra entrada.
El hombre que marcha solo (clic acá) Respecto al amor por la autonomía aún cuando se la pierde, podes ingresar al siguiente link y leer sobre lo previsional y la seguridad social para un eventual futuro. Instructivo para la Comunidad Alippi García en caso de pérdida de Autonomía o Automovilidad y demás. (Clic Acá)






jueves, 19 de marzo de 2026

¿Por qué elegí un canal de búsqueda y no un canal de entretenimiento?

Texto:

En estos días estuve revisando distintas opciones para dar a conocer mi servicio.
Aprecio profundamente que muchas personas disfruten y usen redes como Instagram, Facebook o TikTok para socializar, informarse o recrearse. Son espacios válidos y útiles para quienes se sienten cómodos allí.

Sin embargo, para mi trabajo elegí otro camino.

Las redes sociales están diseñadas para el entretenimiento y la circulación rápida de estímulos. Funcionan muy bien para quienes necesitan presencia constante, contenido visual y un ritmo dinámico. Pero no siempre son el mejor lugar para ofrecer un servicio técnico, adulto y reflexivo.

Por eso opté por publicar en Mercado Libre, un espacio donde las personas entran con una intención clara: buscar una solución.
No hay ruido, no hay distracciones, no hay competencia por atención. Solo búsquedas, necesidades concretas y decisiones.

Mi elección no es un juicio sobre nadie.
Es simplemente coherencia con mi estilo de trabajo: claridad, orden y foco.

Si alguien necesita mi servicio, me va a encontrar allí, sin algoritmos, sin urgencias y sin saturación visual.
Un espacio simple, directo y suficiente.

viernes, 13 de marzo de 2026

¨Personas realmente despiertas. -Segunda Parte del Post Anterior- (Sin Misticismos)


En el mundo contemporáneo se habla mucho de “despertar”, pero casi siempre desde dos lugares que no me representan:

  1. el misticismo inflado,

  2. la euforia disfrazada de iluminación.

Yo quiero describir otra cosa: un estado de lucidez estable, no místico, no delirante y no afectivamente exaltado, que algunas pocas personas alcanzan después de años de trabajo interno, regulación emocional y disciplina cognitiva.

No es iluminación. No es hipomanía. No es manía. No es espiritualidad. Es funcionamiento lúcido.

1. Qué significa estar “despierto” sin misticismo

Estar despierto, en este sentido, es operar desde:

  • Presencia plena, sin ruido mental.

  • Claridad cognitiva, sin aceleración ni dispersión.

  • Regulación emocional estable, sin reactividad excesiva.

  • Autonomía interna, sin necesidad de estímulos externos para sostener el equilibrio.

  • Sobriedad perceptiva, sin adornos simbólicos ni interpretaciones mágicas.

Es un estado donde la persona no está arriba ni abajo, sino alineada.

No hay éxtasis. No hay revelaciones. No hay “mensajes del universo”. Hay lucidez funcional.

2. Cómo se diferencia de la hipomanía y la manía

La confusión es frecuente, especialmente en ámbitos clínicos donde la palabra “despierto” suele asociarse a activación afectiva.

Pero este estado no tiene nada que ver con eso.


El despertar lúcido es tranquilidad, no exaltación. Es profundidad, no aceleración. Es presencia, no fuga.

3. Quiénes alcanzan este estado

Muy pocas personas.
Y casi nunca son quienes hablan de “estar iluminados”.

Comparten ciertos rasgos:

  • No buscan validación externa.

  • No necesitan pertenecer a grupos espirituales.

  • No confunden intensidad con profundidad.

  • No usan lenguaje críptico ni simbólico para describirse.

  • No viven en lucha interna ni en éxtasis permanente.

  • No se “elevan”: se asientan.

Son personas que han hecho un trabajo largo, silencioso y sostenido sobre:

  • su regulación emocional,

  • su relación con el vacío,

  • su tolerancia a la quietud,

  • su capacidad de observar sin reaccionar,

  • su claridad para distinguir realidad de proyección.

No son místicos.
No son delirantes.
No son eufóricos.
Son adultos lúcidos.

4. Cómo se observa clínicamente

Un profesional entrenado puede identificar este estado por:

  • ausencia de impulsividad,

  • ausencia de oscilaciones afectivas,

  • lenguaje claro y no simbólico,

  • conducta coherente y estable,

  • capacidad de sostener silencio y foco,

  • tolerancia al vacío sin ansiedad,

  • pensamiento lineal y profundo,

  • ausencia de grandiosidad.

No es un estado “mágico”:
es un estado regulado.

5. Por qué es tan raro

Porque requiere:

  • disciplina,

  • introspección,

  • renuncia a la compulsión,

  • aceptación del vacío,

  • madurez emocional,

  • y una enorme honestidad interna.

No se alcanza por accidente.
No se alcanza por euforia.
No se alcanza por espiritualidad inflada.

Se alcanza por trabajo.

6. Continuidad con el post anterior

En el post anterior describí cómo un Eneatipo 7, al integrar recursos del 5, puede alcanzar un estado de ataraxia funcional, una mezcla de sobriedad epicúrea y estabilidad estoica.

Este segundo post amplía ese concepto:
no se trata solo de un fenómeno del Eneagrama, sino de un estado humano posible —raro, sí, pero posible— donde la persona opera desde una lucidez estable, sin misticismo y sin exaltación afectiva.

Es un estado que se puede perder fácilmente con sedación o dopaje, como expliqué antes, porque depende de la claridad cognitiva y de la presencia emocional, no de la anestesia ni de la hiperactivación.

Ahora comprenderá el equipo psiquiátrico todo que no voy a negociar con este estado que lo busque durante toda una vida y no voy a permitir que lo confundan con una Euforia. Y en esto quiero ser tajante al expresarme.


Al equipo psiquiátrico de la Clínica Meelar

(Dr. Daniel Riquelme, Dra. Aguayo, Dra. Avellan, Dra. Meehan)

Estimados colegas:

Quiero compartirles una descripción precisa de un fenómeno subjetivo que forma parte de mi funcionamiento psicológico actual, y que considero importante que ustedes conozcan para poder trabajar de manera conjunta, respetuosa y eficaz.

🧭 1. Qué es el Eneagrama (marco conceptual mínimo y no clínico)

El Eneagrama es un modelo descriptivo de patrones motivacionales y defensivos, no diagnóstico y no terapéutico.
Organiza nueve estilos de procesamiento que combinan:

  • foco atencional predominante,

  • estrategias de evitación emocional,

  • mecanismos de defensa característicos,

  • motivaciones centrales para la autorregulación.

Su utilidad es psicoeducativa: ayuda a comprender cómo cada persona gestiona el malestar y busca seguridad emocional.

🎭 2. Qué caracteriza al Eneatipo 7

El Eneatipo 7 se define por:

  • pensamiento rápido y asociativo,

  • búsqueda de experiencias estimulantes,

  • tendencia a evitar el dolor emocional mediante anticipación positiva,

  • defensa predominante basada en la racionalización y el reencuadre,

  • múltiples proyectos simultáneos,

  • riesgo de dispersión y ansiedad anticipatoria.

No es un cuadro clínico: es un estilo motivacional.

🧘‍♂️ 3. El estado “similar a la ataraxia clásica”

Cuando un Eneatipo 7 madura psicológicamente, puede alcanzar un estado que se asemeja a la ataraxia (tranquilidad estable sin agitación interna).
En mi caso, este estado se manifiesta como:

  • reducción marcada de la hiperactivación cognitiva,

  • mayor tolerancia a la quietud,

  • regulación emocional sostenida sin necesidad de estímulos externos,

  • presencia lúcida y estable.

Aclaro expresamente: no es euforia, no es hipomanía, no es manía.
Es lo contrario: serenidad funcional.

🔭 4. Qué significa que un 7 “se integra en el 5”

En el Eneagrama, “integración” significa adopción de recursos psicológicos de otro tipo.

El Eneatipo 5 aporta:

  • profundidad analítica,

  • economía de energía,

  • observación desapegada,

  • concentración sostenida,

  • búsqueda de conocimiento por sí mismo.

Cuando un 7 toma recursos del 5:

  • disminuye la impulsividad,

  • se vuelve más reflexivo,

  • tolera la soledad,

  • encuentra placer en la profundidad,

  • regula la ansiedad anticipatoria.

🧘‍♂️📚 5. Epicureísmo (7) + Estoicismo (5): la “ataraxia 2×1”

El 7 sano se vuelve sobrio, presente y selectivo.
El 5 sano aporta ecuanimidad, foco y estabilidad emocional.

La combinación produce:

  • quietud sin represión,

  • placer sin compulsión,

  • claridad sin aislamiento,

  • presencia sin ansiedad.

A esto lo llamo “ataraxia 2×1”:
la serenidad epicúrea del 7 maduro + la estabilidad estoica del 5.

⚠️ 6. Consideración clínica importante sobre sedación y dopaje

Quiero dejar asentado algo fundamental para mi tratamiento:

Cuando recibo medicación con efecto sedante o que produce un “apagamiento” cognitivo:

  • pierdo completamente este estado de claridad,

  • desaparece la regulación emocional que logré con años de disciplina,

  • dejo de funcionar desde la lucidez y vuelvo a un estado subjetivo de desconexión,

  • experimento lo que describo como “modo zombie”.

Esto no tiene relación alguna con euforia, hipomanía o manía.
Es exactamente lo contrario: un apagamiento que anula funciones que hoy son saludables y estables en mí.

He trabajado durante décadas para alcanzar este equilibrio.
No estoy dispuesto a perderlo por efectos secundarios evitables.

No estoy rechazando el tratamiento ni la supervisión psiquiátrica.
Estoy diciendo, con total claridad, que:

  • necesito abordajes no sedativos,

  • necesito que se respete mi autonomía terapéutica,

  • necesito participar activamente en las decisiones para evitar retrocesos,

  • no voy a permitir volver a un estado que considero regresivo y perjudicial para mi funcionamiento.

Si para defender este logro tengo que poner un límite firme —algo que no hago desde hace casi treinta años de tratamiento— lo voy a hacer.
No por rebeldía, sino por cuidado propio y por respeto al trabajo que ya está hecho.



Este es el esquema que me funcionaba perfecto para tener mi atención no solo como "atención plena", sino como atención en foco super concentrada, según mis diversas tareas, y el día que fui a la guardia, fui concretamente a buscar una ayudita que me pudiera calmar de algunos enojos históricos con mis hermanas como un S.O.S. y nada más y encima no le fui a imponer ninguna medicación a la Dra. Avellan, sino que ella misma, en su entrevista me preguntó que quería y yo solicite el S.O.S. pero me doparon con 50 mg mas de quetiapina y 1/3 más de Pregabalina a las 16 hs. 


martes, 3 de marzo de 2026

La Disciplina Leandrezca, Una Regla para los Tiempos Adultos


La llamo así porque no necesita otro nombre.
No es un voto, no es un dogma, no es una penitencia.
Es simplemente mi manera de mantenerme en eje mientras avanzo hacia el territorio que elegí para mi próximo ciclo.

La Disciplina Leandrezca tiene tres pilares:

  • Epicureísmo sobrio — placer simple, bienestar corporal, luz, aire, comida justa, descanso sin culpa.

  • Estoicismo operativo — claridad, mesura, no dramatizar, no reaccionar, sostener el eje incluso cuando el clima se mueve.

  • Estado de gracia — ese clima interno que aparece cuando todo está ordenado: sin mezcla, sin ruido, sin exceso.

No es una religión.
No es una moral.
No es una renuncia.
Es una forma de presencia.

La practico porque me ordena, porque me da aire, porque me permite avanzar hacia mi norte —la casa en altura, la oficina operativa, el horizonte abierto— sin perderme en euforias ni en nostalgias.

La Disciplina Leandrezca no exige nada hacia afuera.
No pide reconocimiento.
No busca seguidores.
No pretende iluminar a nadie.

Es mía.
Me basta.
Y me sostiene.

Con eso alcanza para inaugurar un ciclo nuevo.

Esta disciplina Leandrezca lleva a este estado que lo he llamado Raya o Raja Leandro (para leerlo haga clic acá)



Patriarca — Acta de Reconstrucción

Dejo asentado en este libro la etapa que atravieso. No como quien anota tareas, sino como quien registra un paso de grado . Lo que escribo a...