lunes, 25 de mayo de 2026

Patriarca — Acta de Reconstrucción


Dejo asentado en este libro la etapa que atravieso.
No como quien anota tareas, sino como quien registra un paso de grado.
Lo que escribo aquí no es futuro: es jurisdicción.
Es el territorio que debo ocupar con mi cuerpo, mi casa, mi movilidad y mi visión.

Todo lo que soy se está reordenando.
Y este reordenamiento exige presencia, disciplina y carne.

1. El Cuerpo: Primer Templo

Mi cuerpo se debilitó.
La comida chatarra, la pérdida de masa muscular, la energía baja: señales claras de que descuidé el templo.

La calistenia en casa fracasó por falta de disciplina.
No lo niego: lo registro.

Sé que cuando vuelva al programa de sobrepeso me van a pedir actividad física.
Y ahí está mi camino: las pesas, el hierro, el gimnasio que me hizo bien el año pasado.
Black Lion, territorio de fuerza y silencio, vuelve a ser parte de mi reconstrucción.

También debo retomar el cuidado dental.
No puedo volver a la vieja costumbre de dejar que mis dientes se arruinen por abandono.
El odontólogo entra en este pacto de adultez.

Mis compromisos son claros:

  • recuperar masa muscular

  • ordenar la alimentación

  • volver al gimnasio

  • retomar el odontólogo

  • reconstruir mi energía para sostener lo que viene

Este no es un plan estético.
Es un acto espiritual.
Es mi forma de decir: habito mi cuerpo, habito mi vida.

2. La Casa: El Hogar que Debe Calentarse

Mi casa necesita calor.
No solo temperatura: presencia.

El calefactor eléctrico Peabody de 2.000 W no requiere instalación.
Se enchufa y funciona.
Pero su sentido es mayor: es el gesto de encender mi propio hogar, de no vivir en la intemperie emocional.

Es parte del ordenamiento del templo.
Es parte de mi adultez.

3. La Taunus: Prueba de Fuego

La Taunus sigue siendo mi rito iniciático.
La ITV es su examen y el mío.

No es un auto: es mi capacidad de sostener lo que empiezo.
Es mi relación con la materia, con la responsabilidad, con la continuidad.

Verla aprobar su prueba de fuego será un sello de esta etapa.
Una confirmación de que puedo materializar lo que mi espíritu viene trabajando.

4. La Visión: El Ojo que Debe Aclararse

Estoy por continuar los estudios prequirúrgicos para la catarata derecha.
Más allá de lo médico, esto es símbolo:

Ver mejor el mundo exterior.
Ver mejor mis decisiones.
Ver mejor mi camino.

Es un cierre de ciclo.
Es una apertura limpia.

5. El Hilo Rector

Cuerpo, casa, movilidad y visión.
Cuatro pilares.
Un solo movimiento.

No estoy cayendo: estoy transicionando.
No estoy perdido: estoy reordenando.
No estoy solo: estoy siendo preparado para caminar con mis propias piernas.

Este acta queda asentada como recordatorio:

Lo que viene requiere un cuerpo fuerte, un hogar encendido, un vehículo en regla y una mirada limpia.

Y lo voy a cumplir.



domingo, 24 de mayo de 2026

El día en que descubrí que también soy hincha


(24 de mayo – Belgrano Campeón de Primera División)

Yo no era hincha de fútbol.
Nunca lo fui.
Ni de chico, ni de joven, ni en mis años de relator en un Juzgado Civil.
Tampoco en mis años de marido: primero de Sole, después de Ely.

Durante décadas, el fútbol fue para mí un paisaje ajeno.
Hasta que un día, sin buscarlo, el barrio me adoptó.
Pero antes de eso hubo un momento crucial, un punto de inflexión que recién ahora, con Belgrano campeón, vuelve a mí con claridad.

El origen de la chispa: Analía, el Centro y el barrio en fiesta

Fue en El Clermont, cuando Analía estaba yendo a unas charlas de budismo durante tres días consecutivos.
El domingo la llevé como siempre a la mañana, y me tocaba buscarla al mediodía.
Pero ese mediodía Alberdi estaba estallado: se venía un clásico y el barrio hervía.

Cuando ella salió de la sala de conferencias, le propuse ir a comer algo por ahí cerca para evitar la movida.
Pero Analía —con esa mezcla suya de intuición y curiosidad— me dijo que no, que fuéramos a conocerlo, casi como quien va a ver un espectáculo turístico.

Le hice caso.
Tomamos el bus, bajamos en Colón y Arturo Orgaz, y caminamos por las arterias más fiesteras rumbo al Gigante.
Nos comimos un choripán en la calle, entre bombos, banderas, familias, risas, cantos, humo azul.

Y ahí, por primera vez en mi vida, vi al barrio a pleno con Belgrano.
Ahí se me encendió la chispa.
Ahí empezó todo.

El día del campeonato: identidad, radio y familia

Hoy, 24 de mayo, esa chispa se volvió fuego.
Belgrano campeón de Primera División.
Un partido histórico, una definición inolvidable.

Y lo viví acompañado.
Estuve conectado por WhatsApp con mis tres hermanas —Lucía, Alejandra y Georgina—, las tres Marías vivas.
La cuarta, María Irene, murió antes de que esta pasión naciera, y su ausencia se sintió como un silencio respetuoso en la mesa familiar.

Éramos cinco los que no vimos el partido:
lo escuchamos por radio, como antes.
Lucía y yo, especialmente, seguimos cada jugada con esa mezcla de ansiedad, ternura y descubrimiento.
Alejandra y Georgina se fueron sumando en un crescendo hermoso.

Y del otro lado, Nadia, la única que sí lo vio, la única que ya venía formada como hincha desde la mano de su padre.
Ella fue nuestros ojos.

En medio de todo eso, descubrí cosas nuevas en mí:
cábalas improvisadas, rezos fervorosos, lágrimas de emoción alegre.
Un hombre grande sorprendiéndose de sí mismo.

El barrio en estado puro

Y después está el folklore.
Ese auto nuevo que aparece en medio de la calle, con un equipo de sonido que hace vibrar las veredas, y todos los hinchas cantando alrededor.
La canción que suena es Rodrigo, sin vueltas.
El cordobés eterno convertido en bandera emocional.

El partido que hizo historia

River ganando 2–1.
La mano en el área.
El árbitro que no cobra.
Los minutos eternos.
La revisión.
El penal.
El empate.
Y el tercero que cayó como un rayo sobre un River desorientado.
3–2.
Belgrano Campeón de Primera División.

El campeón mundial cordobés

Y ahí Lucía dijo algo que me quedó grabado:
que Belgrano es, por extensión, el primer campeón mundial cordobés.
Porque si Argentina es el campeón del mundo,
y Belgrano es el campeón de Argentina,
entonces —en la lógica hermosa de los hinchas—
Belgrano es campeón del mundo en cuanto a clubes se trata.

Recordó también que en 1978, incluso papá —que tampoco era hincha— vio el partido con nosotros, y que Talleres perdió.
Como si la historia, de algún modo, cerrara un círculo.

Lo que gané hoy

Hoy Belgrano salió campeón.
Pero yo gané otra cosa:
una pasión nueva, inesperada, luminosa.
Algo que no sabía que estaba esperando.

Y sí:
creo que después de hoy voy a terminar contratando un canal de fútbol.
Porque esto, Lean…
esto es muy lindo.



sábado, 23 de mayo de 2026

Patriarca. Bitácora del espejo


Sábado de descanso y de juego.
En el espejo, el brujo vampiro levanta su bastón y sonríe con uñas negras y anillos rituales.
Del otro lado, el hombre pulcro y luminoso lo observa con calma.
Ambos son reales: uno actúa, el otro descifra.
Y entre los dos, la risa de mi hermana —esa risa que devuelve equilibrio y humanidad al rito.

La escena nació como una broma, pero terminó revelando algo más hondo.
El Leandro real, el luminoso, quedó dentro del espejo.
El que mira desde afuera es el que arma el escenario, el que se viste de negro para entenderse, el que juega con su propio personaje sin perder la conciencia de sí.

Y en ese juego adolescente de alto rango —como lo llamé riéndome— hay algo profundamente adulto:
la capacidad de reírse de uno mismo mientras se recupera la energía vital,
la capacidad de habitar la soledad sin culpa,
la capacidad de caminar acompañado por la propia historia.

A veces el que marcha solo no está solo:
se acompaña de sí mismo, de su pasado vivo y de su reflejo.
Y cuando logra sonreírle a su propio personaje,
entonces sí, el presente vale la pena vivirse.



El hombre que no está solo


Salgo a la calle como quien entra en sí mismo. No voy acompañado, pero no voy solo. Camino blandiendo mi bastón —no como apoyo, sino como extensión de mi presencia— y con las uñas negras que me recuerdan que sigo eligiéndome.

Entro a un bar cualquiera. Una mesa, una luz tibia, un café o una gaseosa. Nada de alcohol: no lo necesito para estar. Me siento, y ahí aparece mi verdadera compañía: el cuaderno de notas, el cuaderno de oraciones, las cartas de tarot que a veces asoman entre las páginas como animales que respiran lento. No necesito más.

La gente mira al hombre que toma solo. Yo sé otra cosa: estoy conmigo. Estoy con mi conversación interna, con mis preguntas, con mis pequeñas certezas. Estoy con la palabra que baja cuando quiere, con la oración que se escribe sola, con la escena que se ordena sin que yo la fuerce.

A veces levanto la vista y escribo en el celular con mis anteojos puestos, como si estuviera hablando con alguien del otro lado del mundo. Y en cierto modo es así: hablo con mi vida definitiva, con la versión de mí que ya no pide permiso para existir.

Y cuando una amiga como Daniela o cualquier otra se suma, la escena se vuelve una fiesta tranquila, una celebración mínima pero real. Sé que vendrán más presencias, más amistades que se animen a compartir este modo de estar. Y quién dice: tal vez más adelante, una compañera que desee compartirse íntimamente también.

El hombre que va solo no está solo.
El hombre que va solo está consigo mismo.
Y eso —recién ahora lo entiendo— es una forma de compañía que no se negocia.



Las uñas negras


Hay gestos que parecen menores, pero en realidad son ajustes finos del linaje.
Hoy me pasó con las uñas.

Vengo trabajando el negro como signo: un detalle mínimo, casi un acento, que no busca llamar la atención, pero sí marcar territorio interno. Un pequeño pacto conmigo mismo. Pero también existe la familia de origen, ese ecosistema donde ciertos códigos siguen vigentes y donde las uñas largas en un varón todavía funcionan como un ruido cultural.

Entonces hice lo que corresponde cuando uno habita varios mundos a la vez:
me las corté. Las dejé prolijas, limpias, discretas. No por obediencia, sino por lectura. Hay escenarios donde conviene entrar con los símbolos atenuados, no para agradar sino para no gastar energía en batallas que no son necesarias.

Pero el negro no se va.
El negro queda reservado para otros ambientes, otras escenas, otros círculos donde mi gesto respira sin fricción. Ahí sí: uñas negras, cortas, firmes, como una nota de identidad que aparece cuando corresponde.

No es concesión.
Es coreografía.
Es saber moverse entre mundos sin perderse.



✦Día 6 de mi vida definitiva. Plan de Inversión del Aguinaldo


(crónica íntima de un hombre que ordena su mundo por dentro y por fuera)

Junio se me abrió como una puerta antigua.
Y detrás de esa puerta encontré una certeza: es tiempo de poner en eje mi casa, mi auto y mi cuerpo.
No como quien gasta, sino como quien restaura su territorio.

La Casa

Primero, el hogar.
El plomero que vendrá a cerrar la pérdida del inodoro, el monocomando chino que será reemplazado por uno digno, y ahora también el hallazgo del mes:
un calefactor Orbis, usado un solo invierno, impecable, por $55.000.
Nuevo vale $240.000.
Ahorro real: $185.000.
Ese tipo de decisiones hablan de un hombre que sabe esperar el momento justo.

A esto se suman los detalles que completan la escena:
los 4 platos playos que continúan la vajilla nueva que inicié con los de postre,
y las 4 copas grandes, que ya imaginan futuras sobremesas.

El Auto

Después, la Taunus.
Mi nave ritual, mi modo de moverme por Córdoba con la dignidad de quien conoce sus caminos.
Faritos traseros nuevos, llanta reparada, guiño resucitado, kit de seguridad, ITV,
y la instalación eléctrica premium que será el corazón renovado del auto.
No es mecánica: es autonomía.

Mi Persona

Y finalmente, yo.
El perfume que ya reconocen cuando entro.
Los estudios para mis ojos —mis ventanas al mundo—,
y la costura de los pantalones nuevos que me esperan para caminar mejor.
Invertir en mí es invertir en mi presencia.

Sociales

Porque una vida ordenada también necesita calor humano.
Una salida con Nadia en un bolichito de Güemes,
una tertulia con Baltasar,
y otra con mis tres hermanas, invitadas por mí,
con comida árabe como puente y celebración.
No son gastos: son vínculos que se honran.

Lectura final

Este plan no es financiero.
Es existencial.

Casa → raíz.
Auto → movimiento.
Cuerpo → presencia.
Sociales → pertenencia.

Cuatro vértices.
Y en el centro, yo:
un hombre que vuelve del Maria’s con la certeza tranquila de estar construyendo una vida más sólida, más suya, más verdadera.



miércoles, 20 de mayo de 2026

Día 3 de mi Vida Definitiva — La mañana en que volví a mi eje


Hoy me desperté a las 10 de la mañana, con esa dormidera sin tristadera que ya reconozco como parte de mi fisiología cuando me acuesto tarde.
No fue un síntoma, no fue un retroceso: fue simplemente que anoche me dormí a las 2:15.

Pero lo importante no fue la hora.
Lo importante fue lo que pasó después.

Me levanté, me observé, y me di cuenta de que la tristeza ya no estaba.
La dormidera sí, pero sin ese peso que me venía acompañando desde febrero.
Y ahí hice lo que sé que me ordena: ducha fría.

En cuanto el agua me tocó la piel, la modorra se fue como si alguien hubiera abierto una ventana interna.
Quedé despierto, lúcido, en eje.

Y con esa claridad me puse a revisar mis últimos movimientos:
los perfumes, las uñas negras, el Dragón Alippi, los símbolos, la energía que volvió.
Y pude ver algo que ayer no veía tan nítido:

no estoy entrando en euforia.
Estoy entrando en vida.

La diferencia es enorme.

La euforia no consulta, no frena, no pide supervisión, no se observa.
Yo sí.

Hoy le escribí a Daniel con una honestidad quirúrgica, mostrándole mis impulsos, mis frenos, mis decisiones.
Y le escribí a Ely con la misma claridad:
explicando mi alerta, cancelando compras que no necesito, cuidando mi economía y mi proceso.

Ella me puso un límite sano —su estilo directo, práctico—
y yo respondí desde un lugar adulto, regulado, sin ansiedad.
Eso, para mí, es señal de que mi eje volvió.

Hoy entendí algo que marca este Día 3:

la energía que volvió no es peligrosa.
Es mía.
Y puedo manejarla.

No necesito apagarla.
Solo necesito conducirla.

Y eso estoy haciendo.

En un rato me preparo para salir con Lucía y Alejandra a comer a La Ruleta de Pancho.
Voy a ir como estoy hoy:
despierto, tranquilo, dueño de mí, sin exageraciones, sin símbolos innecesarios, sin máscaras.

Solo yo.
Lean.
En mi vida definitiva.




martes, 19 de mayo de 2026

Día 2 de mi Vida Definitiva


El día en que entendí que mi energía vuelve a mí

Hoy, en este segundo día de mi vida definitiva, descubrí algo que no esperaba:
que mi energía vital —esa que durante décadas se me escapaba por los bordes del amor, del deseo, de la compulsión afectiva— está regresando a casa.

No fue un acto heroico.
No fue una iluminación.
Fue un diálogo con un amigo.
Un simple intercambio de WhatsApp que, sin proponérselo, funcionó como un rito de pasaje masculino.

Mientras hablábamos, me escuché decir cosas que nunca había dicho con tanta claridad.
Me escuché revisar mi historia, mis once compañeras, mis entregas totales, mis excesos de donación.
Me escuché nombrar lo que siempre supe: soy muy donado.
Y por primera vez no lo dije como defecto, ni como lamento, ni como bandera de guerra.
Lo dije como quien reconoce su naturaleza.

Porque mi problema nunca fue el amor.
Fue la compulsión.
Fue la incapacidad de amar sin entregarme entero: cuerpo, mente, alma y patrimonio.
Fue la tendencia a perderme en la otra persona como si mi identidad dependiera de su mirada.

Hoy entendí que esa etapa terminó.

No porque haya renunciado al sexo.
No porque me haya vuelto asceta.
No porque me haya endurecido.
Sino porque descubrí algo más profundo:
mi energía vital ya no está disponible para ser drenada.

Hoy puedo estar con amigas sin querer convertirlas en destino.
Puedo degustarlas como vinos nobles sin emborracharme.
Puedo disfrutar de la belleza femenina sin caer en la trampa del Don Juan que fui.
Puedo elegir la sobriedad afectiva sin sentir que pierdo algo.

Y puedo, por primera vez en muchos años, decir que estoy libre.

Libre para crear.
Libre para pensar.
Libre para caminar sin compulsión.
Libre para no necesitar nada de nadie.
Libre para que mi energía vuelva a mí.

Este es mi retiro.
No un retiro del mundo, sino un retiro hacia mí mismo.
Una reclusión interior que no es encierro, sino soberanía.
Un celibato operativo, no moralista.
Una forma adulta de custodiar mi donación para cuando llegue —si llega— la mujer correcta.

Hoy, en este segundo día de mi vida definitiva, entendí que no estoy apagando mi fuego.
Estoy aprendiendo a dirigirlo.

Arquetipo de esta etapa

Esta etapa corresponde al ARQUETIPO DEL TEMPLARIO INTERIOR.

No el monje.
No el caballero cortesano.
No el dragón desbordado.
No la serpiente enroscada.

El Templario:
el hombre que recupera su energía, que se disciplina sin perder su fuego, que se retira sin huir, que se fortalece sin endurecerse, que se guarda para lo que vale la pena.

Ese soy yo hoy.

Y este es mi post de hoy.



lunes, 18 de mayo de 2026

Mi Arquetipo Interno. El Dragón

Versión sobria, técnica y definitiva — Vida Definitiva, Día 1

I. Introducción: el arquetipo como forma de ser

Durante años trabajé sobre mi arquitectura interior: símbolos, hábitos, linajes, animales internos, espiritualidad y forma. No como entretenimiento, sino como una investigación seria que atraviesa la psicología profunda, la antropología religiosa y la mística católica. Un arquetipo no es un personaje: es una forma de ser. Y en esta etapa definitiva de mi vida, puedo nombrar con claridad cuál es el mío.

II. El Dragón: mi arquetipo central

El Dragón no es un animal: es un principio de origen. En el sistema Dreamspell, creado por José Argüelles, el Dragón representa:

  • Origen

  • Identidad

  • Energía vital

  • Impulso

  • Sostén

  • Presencia

Cuando descubrí que mi kin elegido era Dragón Rítmico Rojo, entendí por qué toda mi vida estuvo marcada por fuego interno, lucidez, intensidad y necesidad de forma. El Dragón es mi síntesis.

III. Dreamspell vs. Tzolkin: dos sistemas distintos

Este punto es esencial para ordenar mi identidad simbólica.

1. El Tzolkin tradicional (mayas contemporáneos)

Es el calendario ancestral. Usa la correlación GMT, no reinicia ciclos modernos y calcula mi fecha como Serpiente Planetaria Roja. Ese kin describe mi energía natal desde la matemática del tiempo maya.

2. El Dreamspell (José Argüelles)

Es un sistema moderno, simbólico y espiritual. Reinicia el ciclo en 1987 con Kin 1 = Dragón Magnético Rojo. No usa la correlación GMT. No cuenta el 29 de febrero. Su estructura es distinta.

Por eso, dentro del Dreamspell, mi fecha de nacimiento cae en Dragón Rítmico Rojo.

3. Resolución adulta del conflicto

No hay contradicción. El kin maya describe mi energía natal. El arquetipo describe mi forma elegida. Y en mi vida definitiva, elijo el Dragón.

IV. Qué significa ser Dragón Rítmico Rojo

El Dragón es el Sello Solar Nº 1: origen, matriz, sostén, inicio. El tono Rítmico (6) es organización, equilibrio y orden interno.

Dragón Rítmico Rojo = el que organiza la vida desde el origen.

Este arquetipo coincide con:

  • Mi rol afectivo de sostén

  • Mi necesidad de orden interno

  • Mi estética ritualizada

  • Mi fuego emocional

  • Mi forma de reconstruirme desde cero

  • Mi camino de vivir solo y bien

No es fantasía. Es estructura.

V. Mi estética negra: hábito laico y forma

Mi estética negra no es moda: es mi hábito laico. Ropa negra, botas, anillos, barba, piercing de oro y mi bastón o estoque con empuñadura de dragón.

Cada pieza cumple una función simbólica:

  • El negro concentra

  • La barba ordena mi rostro

  • El piercing marca mi punto de fuego

  • Los anillos fijan mi forma

  • Las botas anclan mi presencia

  • El bastón es mi tótem de autoridad silenciosa

Cuando uso mi hábito, me alineo. Cuando falta una pieza, me fragmento.

VI. El bastón dragón: objeto de poder

Mi bastón no es un arma: es un símbolo iniciático. Marca mi individuación, mi forma y mi presencia. Es el recordatorio físico de mi arquetipo.

VII. Tradición cristiana: el Dragón como símbolo angélico

Mi arquetipo no contradice mi fe católica. La ilumina.

Durante siglos, los Serafines —el coro más cercano a Dios— fueron representados con forma de dragón. Las gárgolas góticas también conservan esa memoria. El Dragón es un símbolo cristiano antiguo, vinculado a la energía angélica, no solo a lo demoníaco.

Mi arquetipo se integra a mi fe sin conflicto: macroecumenismo sobrio, no sincretismo.

VIII. Libre albedrío: elegir forma sin negar humanidad

El arquetipo es elección. Elijo el Dragón porque ordena mi vida, mi estética, mi fuego y mi forma. Pero no dejo de ser un hombre común y corriente en mi ontología. El arquetipo es símbolo, no sustitución de la humanidad.

IX. Síntesis final

El Dragón integra:

  • Mi estética

  • Mi fuego emocional

  • Mi forma de sostener

  • Mi hábito laico

  • Mi fe

  • Mi archivo espiritual

  • Mi vida definitiva

No es moda. No es pose. Es forma.

Y en esta etapa de mi vida, el Dragón es la estructura que me permite vivir con claridad, orden y presencia.






sábado, 9 de mayo de 2026

En la previa de Talleres y Belgrano


Hoy tuve un día lleno de gestos simples pero importantes.

Arrancó con un regalo de Lucía: me dio $10.000 para que desayunara bien. Con esa plata volví a La Casona, el bar de la vuelta, y me pedí un desayuno fresco: tres tostadas de pan lactal, tres fetas de queso, tres de jamón cocido, un vaso grande de soda y un cortado doble que se sirve en taza grande. Todo por $6.800. Fue un desayuno rico, ordenado y suficiente.

A la noche volví a hacer compras después de mucho tiempo de caer en comida chatarra. Compré papas, batatas, lechuga, tomates, huevos, lentejas, fideos, crema y, como siempre, la vedette de mi dieta: el queso fresco. Sentí que estaba volviendo a comer de verdad, sin exageraciones ni solemnidades.

Más tarde regresé a La Casona y merendé una porción de budín de pan con otro cortado doble. Mientras comía, vi todo el folclore de la previa de Belgrano y Talleres: motos policiales escoltando con acompañantes armados escoltando el omnibus de los jugadores, hinchas por todos lados, choris, kioscos llenos, Balbo de litro y medio, Prity, vaso de plástico de litro, hielo y Alto Alberdi convertido en un ritual callejero. Lo observé como siempre: sin juicio, como fenómeno social.

Después entré a la carnicería, donde me estoy haciendo amigo del carnicero. Él me había dicho que un bife de cuadril de 100 gramos costaba $2.300, pero terminó cortándome uno de 200 gramos que salió $5.100. Hice la cuenta al instante: por la mitad de ese precio, compro 200 gr. de queso fresco y tengo dos comidas en sándwiches.
La conclusión fue obvia: sigo con mi dieta ovolactovegetariana, que me conviene más y me ordena mejor.

martes, 5 de mayo de 2026

El día en que recuperé mi autonomía

Hoy me desperté a las cinco de la mañana y viajé a Villa María. No fue un trámite más: fue un acto de responsabilidad adulta, de esos que no se ven desde afuera pero ordenan la vida desde adentro.

Fui a renovar mi licencia de conducir, sí, pero en realidad fui a algo más profundo:
a ratificar mi domicilio para sostener un entramado jurídico y previsional que permite que Analía —y por extensión Isabella— sigan cubiertas por Apross y, eventualmente, tengan base para reclamar una pensión si yo muriera antes de modificar mi estado civil.

No fui por nostalgia.
No fui por dependencia.
Fui porque soy un hombre que cierra los ciclos con dignidad, incluso cuando la otra parte ya no está disponible ni para un café de diez minutos.

Ella no cortó su trabajo.
No vino a verme.
No acompañó.

Y aun así, yo cumplí.
No por ella: por mí.
Porque mi palabra vale incluso cuando el vínculo ya no existe en la práctica.

El bajón y la ducha fría

Al volver, el cuerpo me pasó factura: cansancio, decepción, un vacío breve que se sintió como “principio de depresión”.
Pero no era depresión.
Era química, era desgaste, era la asimetría afectiva golpeando en el plexo.

Antes de abrir la ducha, recé así:

“Querido Dios mío, no he sido un pobrecito que no conoció el amor.
Tuve amor en abundancia, de diez mujeres en total.
Me han dicho todas las cosas más bellas que puede escuchar un hombre.
Y si ahora he de estar solo, será por las consecuencias naturales de la vejez.
Este chubasco de agua fría es como el chubasco de la vejez en mi vida:
a ambas las enfrento sin miedo.
Y si he de seguir solo, me acostumbraré, como tantos otros lo hacen.”

Y rematé con humor:
“Yo, con mi clásico y mi futura moto.”

Ese humor final es mi brújula.
Es la señal de que todavía hay deseo, proyecto, impulso.

La ducha me devolvió al eje.
El cuerpo quedó bien.
La mente quedó limpia.
No quedó tristeza ni sombra de depresión.

La verdad del día

Hoy no actué como un hombre abandonado.
Actué como un hombre íntegro.

Hice un gesto enorme, adulto, responsable, protector.
Y lo hice solo, sin esperar reciprocidad.

Eso no me debilita: me define.

Y también me deja claro algo que ya sabía:
puedo mantener estos trámites esporádicos mientras no me generen daño emocional.
Y cuando llegue el momento, cerraré también lo administrativo.

Hoy recuperé mi licencia.
Pero, sobre todo, recuperé mi autonomía.



lunes, 4 de mayo de 2026

Notas para una vejez diseñada

I. Introducción: La vejez como proyecto, no como accidente

Llega un momento en que la vejez deja de ser un concepto lejano y empieza a exigir diseño. No desde el miedo, sino desde la responsabilidad de ordenar el propio futuro con la misma claridad con la que uno ordena su presente.

Mi vida siempre fue deliberadamente solitaria, con vínculos pocos pero significativos. Esa elección sigue en pie. Pero también entiendo que la vejez no se sostiene únicamente con independencia: necesita un entorno humano mínimo, discreto y adulto. No hablo de cuidados. No hablo de cargas. Hablo de presencias.

II. El modelo mixto: autonomía con un círculo mínimo

La vejez que imagino es autosuficiente en lo cotidiano, pero acompañada en lo esencial. Un esquema donde cada vínculo mantiene su forma original, sin redefiniciones ni expectativas nuevas. Simplemente continúan siendo lo que ya son, pero reconocidos como parte del paisaje humano que quiero conservar.

III. Los hermanitos mayores intelectuales

1. Baltasar

Baltasar es una de mis referencias intelectuales más sólidas. Su claridad, su rigor y su manera de pensar me ordenan y me desafían. No es un rol nuevo: es la continuidad natural de una conversación que ya forma parte de mi vida.

2. Juanse

Juanse también es un hermano mayor intelectual, desde otro registro, otra sensibilidad y otra tradición. Su mirada —distinta a la mía y distinta a la de Baltasar— aporta contraste, matiz y perspectiva. Tampoco aquí hay un rol nuevo: solo la continuidad de un vínculo que ya existe.

IV. La presencia femenina adulta

1. Nadia

En lo afectivo y humano, valoro la presencia de Nadia: una mujer adulta, clara, noble, sin demanda y sin dependencia. No es pareja, no es proyecto, no es expectativa. Es afinidad. Y con el tiempo —si la vida lo dispone— podría convertirse en una amiga espiritual, no por doctrina compartida, sino por resonancia humana. Sin obligaciones. Sin compromisos. Sin redefinir nada.

2. Ely

Ely fue mi esposa civil y es, desde hace años, una presencia que permanece sin ruido y sin conflicto. La afinidad que tuvimos no se extinguió: simplemente cambió de forma. Hoy nos acompañamos cada tanto, con naturalidad, sin nostalgia y sin exigencias. En la vejez que imagino, me gustaría que ese vínculo continúe en su versión más simple: dos adultos que se conocen profundamente y que pueden acompañarse como amigos, sin dramatismo y sin expectativas nuevas.

3. Verónica

Verónica es un vínculo naciente, todavía en su etapa inicial. Su condición de eneatipo 4 la vuelve especialmente estimulante en lo cultural, en lo simbólico y en lo emocional. Tiene una sensibilidad profunda, una empatía amplia hacia los sentimientos humanos y una forma de mirar el mundo que enriquece la conversación. No proyecto nada sobre ese vínculo: solo reconozco que su presencia —si la vida la sostiene— podría convertirse en una amistad adulta, de esas que aportan matiz, hondura y belleza al paisaje humano de la vejez.

V. La capa profesional

Erica

En lo operativo, confío en el profesionalismo de Erica. Su rol es técnico, concreto, práctico. No es afectivo ni familiar. Es parte del orden que quiero sostener en mis años mayores.

VI. El médico de cabecera

Dr. Daniel Riquelme

Contar con un médico de cabecera que conozca mi historia clínica, mis ritmos y mis decisiones es parte central de este diseño. El Dr. Daniel Riquelme cumple ese rol con una combinación poco frecuente de criterio, continuidad y respeto por la autonomía del paciente. No es una figura paternal: es una referencia estable, necesaria para tomar decisiones informadas sobre salud y calidad de vida en los años por venir.

VII. La flama gemela

Analía

En el plano simbólico —tal como lo desarrollé en el Magisterio Laico— reconozco la existencia de un vínculo que no pertenece al campo afectivo tradicional ni al biográfico inmediato: la flama gemela. Ese lugar, en mi caso, lo ocupa Analía, desde un registro estrictamente online, respetuoso, no cotidiano y sin expectativas prácticas. No es pareja, no es proyecto, no es compromiso. Es una resonancia de larga duración, que opera más en la memoria emocional que en la vida diaria.

VIII. Cierre: Un diseño simple, humano y suficiente

No hay compromisos para nadie. No hay responsabilidades nuevas. No hay pedidos explícitos ni implícitos.

Solo estoy dejando por escrito cómo imagino mi vejez: un espacio sobrio, ordenado, autosuficiente, sostenido por un pequeño círculo de personas que respeto y que forman parte de mi vida sin forzar nada.

Un diseño mínimo. Humano. Y suficiente.

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sábado, 2 de mayo de 2026

Comunicado Alippi García y Cía.

1. La reunión en lo de Arturo estuvo espectacular.

Hubo risas, quilombo lindo, chicos corriendo, anécdotas nuevas y viejas.
Pero también algo que no se dice y corresponde decir:
las tías trabajaron como locas.
Sirvieron, levantaron, lavaron, ordenaron y sostuvieron la logística de 40 personas como si fuera un operativo militar.
Agradecimiento explícito para ellas.

2. Reafirmamos lo que se propuso cuando vino Josefina por primera vez:
D’Botañas queda establecida como sede oficial de las reuniones Alippi García y Cía.
Es más cómodo, más práctico, más equitativo y evita que siempre recaiga todo en las mismas casas y las mismas manos.
Además, todos la pasamos bien ahí.

3. Conclusión:
La familia está fuerte, unida y con ganas de seguir encontrándose.
Si organizamos mejor, la pasamos mejor.
Y si distribuimos el esfuerzo, todos disfrutan.



Manifiesto del líder tímido


No todos los líderes nacen para hablar.

Algunos nacen para escribir.

Hay quienes se mueven entre multitudes con naturalidad, y hay quienes, como yo, sienten que el ruido exterior apaga la voz interior.
No es miedo.
Es respeto por la palabra.

La timidez no es debilidad: es una forma de conciencia.
El tímido observa antes de actuar, escucha antes de responder, y escribe antes de imponerse.
Su liderazgo no se mide por volumen, sino por coherencia.

He aprendido que el estigma —ese juicio rápido que confunde silencio con falta de carácter— puede ser una escuela.
Porque quien es estigmatizado aprende a pensar solo, a sostenerse sin aplausos, y a construir sentido sin necesidad de escenario.

El líder tímido no busca seguidores: busca claridad.
No necesita convencer: necesita ordenar.
No se expone: se expresa.
Y cuando lo hace, lo hace por escrito, porque la escritura es el único espacio donde la verdad no se interrumpe.

La historia está llena de hombres así: Lincoln, Gandhi, Kafka, Mandela.
Todos fueron tímidos.
Todos fueron estigmatizados.
Y todos entendieron que el poder más duradero es el que se ejerce desde la palabra pensada, no desde la voz amplificada.

Por eso escribo.
Porque mi lugar no está en el ruido, sino en la estructura.
Porque mi liderazgo no se grita: se redacta.
Y porque, en tiempos de multitudes y algoritmos, el silencio sigue siendo una forma de autoridad.



Carta a mi sobrino Gastón Estevez Alippi

📜 (tono adulto, sobrio, civilista, y entendible incluso para millennials con déficit de lectura de más de dos líneas)

Sobre el humor, el linaje y el lugar de cada uno

Ayer, en medio de la alegría familiar, apareció un texto humorístico que jugaba con nuestra genealogía. Fue celebrado, hizo reír y cumplió su función lúdica.
Pero también dejó algo claro: no todos vivimos los símbolos familiares del mismo modo.

En mi caso, la historia de nuestra estirpe —los nombres, las generaciones, las jerarquías afectivas— no es un chiste ni un adorno. Es parte de mi trabajo, de mi escritura y de mi forma de honrar a quienes vinieron antes.

Por eso quiero dejar asentado algo simple:

El humor es bienvenido.
La distorsión involuntaria de la memoria familiar, no tanto.

No hablo de ofensas ni de faltas de respeto.
Hablo de contexto.

Quien escribe desde la épica, la oratoria o la búsqueda de impacto, lo hace desde un lugar.
Quien escribe desde la historia, la técnica y la memoria, lo hace desde otro.

Ambos son válidos.
Pero no son intercambiables.

Mi intención no es corregir a nadie, sino ordenar:
la línea Arturo → Papá → Juan Arturo no es un invento mío ni un capricho. Es la genealogía real, la que sostuvimos durante décadas, la que honra a nuestros mayores y la que merece ser tratada con precisión incluso cuando se la parodia.

No busco reconocimiento, ni títulos, ni patriarcados simbólicos.
Solo pido que, cuando juguemos con nuestra historia, sepamos distinguir entre humor y linaje.

Porque el humor une.
Pero la memoria sostiene.

Y ambas cosas son necesarias para que una familia grande siga siéndolo.



El mejor encuentro desde que estoy de filo

Hoy tuve el mejor encuentro desde que estoy de filo. No porque haya pasado algo extraordinario, ni porque ella haya dicho algo que cambie el...