martes, 16 de junio de 2026

✨ LA VISITA EN LAS ALTURAS


Crónica de un estilista abogado retirado

La noche estaba quieta en las alturas.
Yo seguía ajustando mis planillas, revisando números, ordenando mis gastos como quien ordena un altar doméstico.
La Taunus seguía ahí, fiel y antigua, y yo continuaba en mi etapa de supervivencia, como la llamo, esperando que agosto traiga un poco de aire.

Y entonces golpearon la puerta.

Era la mujer salteña de abajo.
Subió con su tonada dulce, con ese modo de entrar que tienen las mujeres del norte: como si la casa ya las conociera.
Venía por la Fiat Strada, sí, pero también venía por otra cosa. Yo lo supe apenas cruzó el umbral.

🎓 El sueño que traía en la voz

Se sentó, miró alrededor, respiró hondo y me lo dijo casi en secreto, como quien confiesa un sueño que le pesa por dentro:

Doctor… mi sueño de toda la vida es estudiar Derecho en la Universidad Nacional de Córdoba. Pero ya estoy grande.

En su juventud había cursado hasta tercer año, hasta que una traición de su entonces esposo la obligó a abandonar.
(Le respeto su intimidad en los detalles.)

Ahí me enderecé.
Porque esas frases yo las conozco.
Las escuché en pasillos, en aulas, en vidas que se animaron tarde.

Le conté que cuando yo estudiaba tenía por compañeras a una señora mayor que terminó la carrera impecable, con una prolijidad que muchos jóvenes envidiaban.
Le conté de la cieguita, que rendía con una dignidad que hacía callar al aula entera.
Y de la madre de mi mejor amigo, que empezó Derecho pasados los cincuenta y lo terminó como quien cumple una promesa hecha a sí misma.

Sí, Hilda. Sí. Hágalo. Cumpla su sueño.
Eso le dije.
Y no como abogado, sino como coach de destino.

Le ofrecí ayudarla cuando lo necesitara: explicarle materias, orientarla, sostenerla si flaqueaba.
Pero sobre todo, le ofrecí fe.
Porque hay sueños que no se vencen por la edad, sino por el miedo.

🚗 La Strada y el milagro en germen

Después hablamos de la Strada.
De su GNC de 5ta generación, de su estado impecable, de su color perfecto.
Y yo le conté lo mío, con la claridad que corresponde cuando uno quiere hacer las cosas bien.

Y mientras ella hablaba y yo le mostraba mis números, me cayó encima —como un manto suave— la conciencia del milagro.

Porque esta mera oportunidad que Hilda trajo a mi casa es, en sí misma, un hecho sobrenatural.

Yo, que me veía destinado a tener la Taunus como único vehículo, invirtiéndole e invirtiéndole con sacrificio, jamás imaginé que pudiera aparecer ante mí la posibilidad real de acceder a un auto moderno de veinte millones de pesos.
Era un precio que me resultaba irrisoriamente imposible, casi una broma del mercado.

Y sin embargo, ahí estaba:
la Strada blanca, 2018, con GNC de 5ta generación, entrando a mi vida no por un aviso, no por un trámite, sino por una mujer salteña que subió a mi casa como enviada.

Por eso, hecha ya mi propuesta —que aquí comparto—, pido a los Cielos, a la Trinidad, a la Virgen de la Merced, a los ángeles y a los santos que me protegen, y también a todos los humanos de buena intención que me han visto padecer tanto con la Taunus, que me ayuden a que este negocio se concrete.
Porque si esto no es un milagro en germen, entonces no sé qué nombre darle.

😄 El humor divino del Cielo

Y mientras pensaba en todo esto, no pude evitar reírme solo, porque esta Strada —esta misma— era el sueño dorado de Analía cuando quería cambiar su Saveiro y su Fiat Uno Way.
Estuvo detrás de una como esta durante meses, casi como si la persiguiera.

Y después, en un golpe de suerte y de una inversión maestra de ahorros que yo desconocía por completo, terminó comprándose la camioneta que desde el 2012 yo más anhelaba entre cualquier otro auto: una Ecosport de última generación.
Ironías del destino.

Fue ella, además, quien me enseñó a mirar con atención los autos que eligen los profesionales pudientes cincuentones: Toyota Corolla, Renault Fluence, esos que con mis hermanas llamábamos “los premium”, los alta gama de nuestra herencia paterno-materna.

Y ahora, si este milagro en potencia se concreta y logro comprar la Strada, bien podría venderla más adelante —aunque fuera a menor precio— para dar el salto hacia uno de esos autos premium leandrezcos que sí me quedaría hasta la muerte, con sus service oficiales anuales como corresponde.

Si esto no es humor divino, no sé qué es.

📜 TEXTO PARA HILDA

Hilda, recién terminé de ajustar mis planillas con calma, como le comenté antes de que se fuera. Revisé cada partida para no comprometer mis gastos esenciales, y el resultado final me dio una capacidad real de inversión mensual de $432.000, incluso sin mejorar mis partidas de comida y gastos reservados, que lo tenía previsto para estos meses venideros y en lo sucesivo. Por lo tanto, hasta terminar de pagar el auto continuaría la etapa de sacrificio o “supervivencia”, como le llamo yo.

Sigo contemplando los gastos básicos de la Taunus, como para conservarla, tal cual usted misma me lo sugirió, y lo incorporé dentro del modelo financiero que entraría a regir desde agosto, dado que este aguinaldo y el sueldo de julio ya los tengo comprometidos de antemano con las inversiones en mí (operación de cataratas), en vestimenta para regalar, en la Taunus y en la casa (plomería y aire acondicionado).

Con ese número ya firme, quería decirle que sigo muy interesado en su Strada. Es un vehículo excelente, muy bien cuidado, con un kilometraje excepcional, GNC de 5ta generación, y además en el color que más me gusta. Y entiendo perfectamente que usted quiera venderla de manera segura después de un año sin poder concretar la venta y al precio que usted pretende.

Por eso, si a usted le sirve, puedo ofrecerle un esquema de 50 cuotas (4 años y dos meses) de $400.000, con la actualización correspondiente, que me gustaría poder negociar, dado que al Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) del INDEC que usted ha propuesto le temo un poco justamente por lo ajustadísimo de mi presupuesto, siendo este índice más duro que el IPC.

Todo quedaría respaldado por un contrato formal, con la firma de mis dos hermanas como garantes, más el honor y el buen nombre de la familia Alippi en Córdoba, que usted conoce. Una vez que usted se decida a aceptarme mi oferta, recién ahí iría yo a explicar detalladamente el negocio a mis dos hermanas mayores, quienes, si estuvieren de acuerdo, serían con toda seguridad mis dos garantes.

Mi intención es que usted esté tranquila, protegida y segura en todo el proceso. Si esta propuesta le resulta razonable, avanzamos con calma, sin apuros, dejando todo por escrito para que ambas partes queden cubiertas.

Y nuevamente, gracias por haber venido a consultarme. Para mí fue una alegría que haya entrado a mi casa a conversar conmigo, y una Gracia directa de esa Virgencita en la que tanto creo —la misma que el Gral. Manuel Belgrano entronizó como Patrona del Ejército Argentino y cuya historia usted tan bien conoce—, a quien le vengo rezando hace días que me libere, como la liberadora de cautivos que es, de tantos problemas relativos a mi auto antiguo.

Respecto a lo otro que me pidió, el contacto con un excelente abogado previsionalista, le paso este correo electrónico, pues no tengo el teléfono. Se llama Dra. Alicia Cadario:

aliciacadario

La mujer salteña se fue después de un rato largo.
Yo quedé solo otra vez, en silencio, con la carta lista para enviar.
La Strada quedó flotando como posibilidad.
La Taunus como fidelidad.
Y su sueño de estudiar Derecho como un pequeño milagro que me tocó presenciar.

Hay visitas que no son visitas.
Son señales.



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