sábado, 2 de mayo de 2026

Carta a mi sobrino Gastón Estevez Alippi

📜 (tono adulto, sobrio, civilista, y entendible incluso para millennials con déficit de lectura de más de dos líneas)

Sobre el humor, el linaje y el lugar de cada uno

Ayer, en medio de la alegría familiar, apareció un texto humorístico que jugaba con nuestra genealogía. Fue celebrado, hizo reír y cumplió su función lúdica.
Pero también dejó algo claro: no todos vivimos los símbolos familiares del mismo modo.

En mi caso, la historia de nuestra estirpe —los nombres, las generaciones, las jerarquías afectivas— no es un chiste ni un adorno. Es parte de mi trabajo, de mi escritura y de mi forma de honrar a quienes vinieron antes.

Por eso quiero dejar asentado algo simple:

El humor es bienvenido.
La distorsión involuntaria de la memoria familiar, no tanto.

No hablo de ofensas ni de faltas de respeto.
Hablo de contexto.

Quien escribe desde la épica, la oratoria o la búsqueda de impacto, lo hace desde un lugar.
Quien escribe desde la historia, la técnica y la memoria, lo hace desde otro.

Ambos son válidos.
Pero no son intercambiables.

Mi intención no es corregir a nadie, sino ordenar:
la línea Arturo → Papá → Juan Arturo no es un invento mío ni un capricho. Es la genealogía real, la que sostuvimos durante décadas, la que honra a nuestros mayores y la que merece ser tratada con precisión incluso cuando se la parodia.

No busco reconocimiento, ni títulos, ni patriarcados simbólicos.
Solo pido que, cuando juguemos con nuestra historia, sepamos distinguir entre humor y linaje.

Porque el humor une.
Pero la memoria sostiene.

Y ambas cosas son necesarias para que una familia grande siga siéndolo.



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