Hoy tuve un día lleno de gestos simples pero importantes.
A la noche volví a hacer compras después de mucho tiempo de caer en comida chatarra. Compré papas, batatas, lechuga, tomates, huevos, lentejas, fideos, crema y, como siempre, la vedette de mi dieta: el queso fresco. Sentí que estaba volviendo a comer de verdad, sin exageraciones ni solemnidades.
Más tarde regresé a La Casona y merendé una porción de budín de pan con otro cortado doble. Mientras comía, vi todo el folclore de la previa de Belgrano y Talleres: motos policiales escoltando con acompañantes armados escoltando el omnibus de los jugadores, hinchas por todos lados, choris, kioscos llenos, Balbo de litro y medio, Prity, vaso de plástico de litro, hielo y Alto Alberdi convertido en un ritual callejero. Lo observé como siempre: sin juicio, como fenómeno social.
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