Daniela, esto que pasó no es menor. Me cayó mal, me enojó, me tocó donde no corresponde. Y no porque hayas hablado de energías o de lo que sentiste, sino porque no me pudiste leer. Yo te escucho audios larguísimos, de diez, trece minutos, con toda la atención que puedo darte. Vos sabés que te escucho. Sabés que entro en tu mundo, que trato de entenderte, que me tomo el tiempo.
Pero cuando yo hablo, cuando yo digo algo mío, cuando comparto una sombra o un estado, vos no entrás. No lo leés. No te detenés. Lo traducís a tu sistema energético y listo. Y eso, Daniela, duele. Porque me borra. Porque me convierte en un símbolo dentro de tu teoría, en vez de ser un sujeto con sentimientos propios.
Lo que dijiste en ese audio me molestó porque mis sombras son mías. Mis ganas de renunciar son mías. Mi historia emocional es mía. No se contagia, no se absorbe, no se toma como si fuera una corriente que te atraviesa. Eso es cruzar un límite. Y encima, cuando esto me golpea, cuando me enoja, cuando necesito que lo atendamos, no tenés tiempo. El trabajo, las obligaciones, lo que sea. Y yo quedo con la bronca en la mano, esperando que vos puedas escucharme como yo te escucho a vos.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario