por Petrus
Hoy sentí algo distinto. No fue un pensamiento, ni una intuición suelta: fue una alineación interna. Dormí mejor, me desperté mejor, me moví mejor. Y en ese estado más limpio, más mío, reapareció una frase que me dijo Valeria hace años:
“Primero tenés que aprender a estar solo antes de que el amor verdadero se te aparezca casi como por arte de magia.”
Yo ya aprendí a estar solo.
Ya aprendí a estar bien solo.
Ya tengo mis amistades semipresenciales que me sostienen sin invadirme.
Mi casa, mis rituales, mi blog, mi eje.
Y justo cuando eso se estabiliza, aparece ella: Mariela.
La mañana: el rojo taurino y las perchas que caen
Entré al local.
Ella estaba en modo trabajo: remera roja, quilombo de ropa, territorio taurino.
Agarra una percha.
Se le vienen todas abajo.
La vi ponerse nerviosa delante mío.
Y yo la calmé con una frase simple:
“Después las juntás, ya me voy. Seguí ordenando.”
Ahí se abrió.
Me dijo el nombre de la planta que iba a buscar.
Compartimos fotos.
Le gustó la que yo elegí.
La mañana fue una apertura desde el nervio.
La siesta: el cambio de piel
Cierra el local.
Se va.
Vuelve.
Pero ya no vuelve roja.
Vuelve rosa.
El rojo es territorio.
El rosa es afecto.
El rosa es suavidad.
El rosa es energía emocional.
Yo no le dije nada.
Ella sola cambió la remera.
Y yo lo registré.
La tarde: dos encuentros y una señal silenciosa
La vi desde la cuadra anterior.
Ella me vio a mí.
Se puso los anteojos de sol.
Quedaba hermosa.
Después la encontré martillando el cartel.
Pensé en ayudarla.
No lo hice.
No quise invadir su territorio.
No quise actuar desde la torpeza.
No quise sumar puntos.
No entré al local.
No escribí.
Seguí con mi vida.
Seguí buscando plantas.
Seguí en mi eje.
Mi eje: la risa, la punzadita, Séptimo
Me convertí en reidor serial.
Me río fuerte, suave, con sonido.
La risa me está devolviendo vida.
La punzadita en el oído es mi brújula.
Cuando aparece, sé que tengo que escuchar lo que mi mente me dicta.
Y hoy recordé a Séptimo, mi Matweiler maestro.
El que me enseñó que la fidelidad no es biológica: es espiritual.
El que me mostró que un moloso gigante puede ser monógamo por decisión.
Ese perro me formó.
Ese perro me definió.
Hoy soy más salchichita hembra que moloso.
Más ternura que imponencia.
Más sensibilidad que dureza.
Más lágrima encubierta que macho alfa.
Y eso está bien.
Eso es mi etapa.
La noche: distancia justa
No la busqué.
No la saturé.
No la reclamé.
No pedí nada.
La dejé ser.
Me dejé ser.
El lugar que ocupo
No adivino.
No proyecto.
No acelero.
Solo registro lo que pasó hoy:
Yo soy un hombre que la altera.
Un hombre que la mueve.
Un hombre que la intriga.
Un hombre que ella observa.
Un hombre que ella no descarta.
No soy amigo.
No soy cliente.
No soy vecino.
No soy pasado.
Soy posibilidad.
Y confío en mi poder para darme cuenta.
Confío en mi sorpresa humana.
Confío en mi lectura fina.
Confío en mi punzadita.
La mujer que se viene para este Lean —este Nano, este Petrus—
no necesita ser adivinada.
Solo necesita ser vista cuando aparezca.
Y yo ya estoy listo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario