Escenas, responsabilidades y relatos de mi lugar como patriarca afectivo.
Leandro Javier (Petrus) Alippi García.
Cuidado sin drama. Autoridad silenciosa. Sin inflación.
Parte de mi Comunidad Afectiva Alippi García y Cía.
domingo, 16 de agosto de 2026
Magisterio de El Clermont sobre mi realidad afectiva y económica
La Etapa Nueva: Orden, Hermanas y Afectos Adultos
Hoy amanecí a las 8, en un día que pedía claridad.
A las 11 paso a buscar a Georgina en la Taunus y vamos juntos a lo de Alejandra, en Villa Allende Golf, a comer un pollo a las brasas con papas.
Un gesto simple, pero cargado de reparación.
Durante los años con Analía, la rencilla entre ellas fue tan fuerte que terminé alejándome de mis hermanas. Me enojé, me confundí, me puse en lugares que no eran míos.
Y aunque hoy reconozco que a Analía nunca la integraron del todo, también sé que esa etapa ya quedó atrás.
No hay deuda.
No hay reproche.
Solo historia cerrada.
Lo que importa ahora es la etapa nueva.
I. El retorno al linaje
Volver a compartir con mis hermanas sin tensiones es una reparación silenciosa.
No es épica: es adulta.
Es la recuperación del lugar que siempre fue mío.
Georgina, Alejandra y Lucía están en un momento excelente de sus vidas. Cada una con su estilo, su viaje, su mundo.
Y yo, que durante años me desvié por conflictos ajenos, hoy vuelvo a ocupar mi sitio:
el del hermano sencillo, equilibrado, presente.
II. La economía que se ordena
Después de meses de trabajo interno, estoy logrando algo que parecía imposible: enderezar mis dineros.
Ya aporto —aunque tímidamente— a los pozos comunes de las Alippi’s.
Ya tengo algunos morlacos para invitar a merendar a una mujer sin descuadrarme.
Ya puedo proyectar con cabeza fría.
Desde enero quiero volver a ahorrar un 10% de mi sueldo, sostenido, constante.
Si mantengo ese ritmo, en dos años y cuatro meses estaré comprando la moto que sueño hoy, o la que exista en ese momento.
Ese horizonte me ordena.
Me da norte.
Me da paz.
Y si Dios me da vida suficiente, es un antiquísimo sueño que traigo desde la década de los 90 y que lo quiero cumplir sí o sí pues como dicen por ahí; "me lo merezco". -
III. La salud emocional: fin de las microdepresiones
Con los últimos ajustes terapéuticos, algo se acomodó de manera definitiva:
se fueron las microdepresiones.
Y con ellas, se fue también ese viejo impulso de llenar vacíos con codependencias afectivas.
Hoy no necesito una pareja demandante.
No necesito una convivencia.
No necesito repetir patrones que ya conozco demasiado bien.
Lo que estoy aprendiendo —y lo digo con gratitud— es a tener amigas.
Amistades reales, adultas, sin enrosques.
Y si alguna desea compartirse íntimamente como amiga con derechos, será un regalo de Dios, no un contrato emocional.
Estoy entrando en una etapa donde el afecto no es refugio ni anestesia.
Es compañía.
Es libertad.
Es elección.
IV. Síntesis del Patriarca
Hoy, mientras me preparo para ir a Villa Allende Golf, siento algo que hacía mucho no sentía:
estoy bien.
Bien con mis hermanas.
Bien con mi economía.
Bien con mis afectos.
Bien con mi proyecto de vida.
Le mando un agradecimiento especial a mi amiga Daniela que ha sido la que me ha venido introduciendo en esto que pretende convertirse en mi nuevo estilo de vida a nivel afectivo y amoroso.
No es euforia.
Es estabilidad.
Es adultez.
Y esta entrada queda como testimonio de eso:
la etapa nueva ya empezó en El Clermont.
Esta mujer del viento tocando su tambor la traje a colación porque me recuerda una ceremonia de matrimonio pagano muy hermosa donde todos estábamos de blanco y que en cierto momento todas las mujeres se pusieron a tocar sus tamboretes sentadas sobre una inmensa roca.
Se percibe una madurez que no busca aplausos sino equilibrio. El texto respira reconciliación y propósito, como si el autor hubiera encontrado el punto exacto entre la memoria y el porvenir. Leerlo deja una sensación de paz adulta, de alguien que ya no necesita demostrar, solo vivir con orden y gratitud.
Se percibe una madurez que no busca aplausos sino equilibrio.
ResponderBorrarEl texto respira reconciliación y propósito, como si el autor hubiera encontrado el punto exacto entre la memoria y el porvenir.
Leerlo deja una sensación de paz adulta, de alguien que ya no necesita demostrar, solo vivir con orden y gratitud.